Conferencias




En el centro Mar Moreno, Presidenta del Parlamento de Andalucia junto a Miguel Angel Palacio; a la derecha Gabriel Mato (Canarias) y a la izquierda Pere Rotger (Baleares)
“LA NUESTRA ES UNA REFORMA A FUEGO LENTO Y MUY PEGADA A LA PIEL”

MARÍA DEL MAR MORENO, PRESIDENTA DEL PARLAMENTO DE ANDALUCÍA

Buenos días a todos ustedes,

Para mi es una satisfacción estar en este foro organizado por la Universidad de Cantabria y por el Parlamento de Cantabria. Me parece un acierto y una tremenda oportunidad haber convocado a los presidentes de los Parlamentos Autonómicos porque seguramente ofrecerán una visión muy completa sobre lo que se está cociendo, se está cocinando en cada territorio y espero que esté resultando de su interés.

Bueno, yo voy a poner una parte del aliño en toda esa olla que se cuece. No sé en que dirección lo han planteado mis compañeros presidentes. Yo les quiero situar a todos ustedes en el contexto en el que se produce la reforma andaluza para que conozcan las claves políticas que dan lugar allí a la reforma del Estatuto y comentarles básicamente el proceso y alguno de los contenidos que están en discusión en este momento. Por lo tanto, muchas gracias, presidente del Parlamento de Cantabria, director del curso, y gracias a todos ustedes de antemano por su atención.

En primer lugar, por hacer esa aproximación que de paso les permita a los que no son tan del sur conocernos mejor, creo que hay una clave que es conocer el pasado reciente de Andalucía para poder comprender el presente. Y es que para comprender la relación de Andalucía con su Autonomía es fundamental conocer, recordar la consecución de su Autonomía y valorar la gran aportación que ese proceso original y único en España supuso para el conjunto del país.

Yo quiero recordarles a ustedes que cuando se aprobó la Constitución Española el debate territorial era una especie de discusión a tres bandas. Era un momento evidentemente tenso, denso, complicado, importante en materia territorial, que era una de las grandes asignaturas pendientes de la política española en todos los regímenes, en toda la Historia contemporánea,. Había una banda nacionalista, de las periferias, que enarbolaba la bandera de la singularidad, que protagonizaba la tensión separatista ya en el propio debate constitucional. Había en el otro extremo unas posturas más centralistas que hacían bandera de la uniformidad, precisamente de la negación de las diferencias: los menos autonomistas que formaban parte, insito, de la otra posición en el debate de la Constitución. Y una postura intermedia, tal vez más federalista, que intentaba conjugar la unidad y la diversidad dentro de un Estado común.

De alguna manera, esta tercera vía se abrió paso con la Constitución, aunque de una forma bastante difusa y bastante poco concreta a la hora de definir el modelo territorial. De hecho, la Constitución Española, lo decía Tomás y Valiente, “se puede abordar desde una lógica de la igualdad o desde una lógica de la diferencia”. Se puede hacer una lectura de la Constitución Española que conduzca a una lectura de la igualdad, de la cohesión, de la solidaridad, o se puede hacer una lectura de la Constitución que conduzca a una lectura de la diferencia, de la singularidad. Por lo tanto, de la asimetría. Y las dos lecturas serían perfectamente válidas y constitucionales.

Yo creo, es evidente, que entre tantas cosas que se tuvieron que acordar en el texto constitucional en materia territorial, el diseño original no pudo completarse más. Pero, desde luego, al inicio de la democracia sí había un diseño. Aunque no se pudo plasmar plenamente en el texto constitucional, es evidente que sí había un diseño en la cabeza de los gobernantes de aquel momento. La UCD había apostado claramente por una España a dos velocidades: una vía rápida, la del artículo 151 de la Constitución Española para las consideradas comunidades históricas - en aquel momento, País Vasco, Cataluña y Galicia- que reservaban la otra vía, más lenta, menos plena, más a fuego lento autonómico, para el resto de los territorios del Estado.

Ese era el diseño original que existía en la cabeza del primer Gobierno y posiblemente pudiera ser un cierto acuerdo tácito de los constituyentes que, de todas maneras, fueron incapaces de cerrar bien el modelo.

Y con este diseño previo para Galicia, Cataluña y País Vasco comenzó la andadura del modelo autonómico español. En Andalucía había un hecho diferencial, si me permiten usar la expresión, no contemplado ni reconocido como tal. Es verdad que Andalucía no tenía lengua propia. No se había aprobado su Estatuto. Con la II República, si bien era el cuarto previsto, se quedó en ciernes.

Sin embargo, había un potente hecho diferencial andaluz en términos socioeconómicos, me atrevería a decir. Por retrotraerme muy brevemente, insisto, a ese contexto, las condiciones con las que Andalucía comenzaba la andadura democrática eran de tremenda inferioridad en multitud de parámetros: renta per cápita, inversiones, analfabetismo, emigración, formación de recursos humanos, exceso de peso del sector primario en la economía, etc. Una economía sumamente rural, sumamente anticuada. Una sociedad con claros síntomas de subdesarrollo y, en el imaginario colectivo de Andalucía, esa Andalucía de jornaleros del latifundio, ese subdesarrollo tenía una clara causa política: el abandono secular de Andalucía por parte de los sucesivos gobiernos de España.

Eso hizo que prendiera una idea en nuestra comunidad: aprovechar el recién inaugurado Estado de las Autonomías para aprobar asignaturas pendientes. Y desde luego, los dirigentes de aquella época pensaron y vieron con claridad que Andalucía no iba a ser relegada una vez más a un estatus político de segunda, ni deficiente.

No se sabía muy bien qué era aquello ni por dónde iban a ir las cosas, pero Andalucía se propuso estar en el primer nivel: No más que nadie, pero sí quería estar al primer nivel de lo que hubiera en el conjunto del país.

Esa idea prendió como la pólvora entre los andaluces carentes por completo, como seguimos, de un sentimiento identitario nacionalista, pero desde luego muy identificado con la idea del abandono y de la marginación.

Comenzó en aquella fecha, los años ochenta, una gran gesta política. Fue una gran gesta política, allí lo sabemos bien. Se trataba de superar los requisitos del artículo 151 de la Constitución, pero jugando con el Gobierno central enfrente.

Todo lo que para Cataluña, Galicia, y País Vasco fue “con alfombra”, dentro de esa lógica y de esa lectura que estaba previamente diseñada, en Andalucía se tuvo que hacer con el Gobierno enfrente. Fue el único referéndum autonómico en el que el Gobierno Central pedía el no. El eslogan del referéndum del Gobierno Central fue: “Andaluz, este no es tu referéndum. Vota no” a la Autonomía que se proponía. Mientras que en todas las demás comunidades históricas, el referéndum iba auspiciado por el Gobierno Central, que pedía el sí, y los partidos regionales que pedían también el sí.

Fue una época muy intensa por cercana, además muy recordada y muy vivida todavía allí. La Autonomía se conquistó a golpe de manifestaciones multitudinarias, hubo una movilización social impresionante, irrepetible. Yo creo que fue además la primera que tuvo lugar en una tierra particularmente desvertebrada como era la Andalucía de aquellos años y que culminó en el referéndum del 28 de febrero. A partir de entonces el 28 de febrero es el Día de Andalucía. En él, se dijo naturalmente sí, a pesar de tener todas las condiciones en contra, con los plazos del referéndum abreviados....

Fue una historia bastante singular que finalmente se ganó, en la que Andalucía conquistó dos cosas:

Conquistó una Autonomía plena para sí, pero además, desbarató los planes originales de un gobierno que diseñaba una España a dos velocidades autonómicas. Andalucía hizo que finalmente en este país predominara la lectura de la igualdad. Esa lógica de la igualdad que escribía Tomás y Valiente, frente a la lógica o la lectura de la diferencia que fue la diseñada originariamente.

Andalucía inclinó la balanza hacia la lógica de la igualdad y lo hizo para todos. No en vano, inmediatamente después, prácticamente las diferencias entre las autonomías de una vía y las autonomías de otra se han ido diluyendo, también gracias a los propios acuerdos de los Gobiernos centrales.

Esa aportación hay que valorarla. El resto de las comunidades autónomas pudieron hacerlo pero ninguna lo hizo. Solamente Andalucía decidió tener esa Autonomía y por lo tanto, es importante conocer dicho contexto histórico, muy reciente en la memoria de los andaluces y las andaluzas. Importante para comprender nuestra manera de ser, nuestra manera de relacionarnos con la Autonomía. Una Autonomía en la que no hay un sentimiento identitario excluyente ni un hecho diferencial al uso. Curiosamente, se podría decir que nuestro hecho diferencial es el hecho igualitario. Ese es nuestro hecho diferencial, la pasión, el deseo, la conquista, es un hecho igualitario.

Otro dato que a lo mejor muchos de ustedes desconocen, es que en este periplo de reformas de Estatutos, Andalucía es la primera comunidad autónoma que planteó reformar su Estatuto de Autonomía. Antes del Plan Ibarretxe, nosotros ya estábamos trabajando en la reforma del Estatuto. Una reforma a fuego lento porque nació en un contexto bien diferente al que existe ahora mismo en España.

En Andalucía hay un proyecto de gobierno de la región que se llama Segunda Modernización de Andalucía. Muy brevemente, para que ustedes se hagan una idea, el partido que gobierna, mi partido, el Partido Socialista, es consciente de que Andalucía ha tenido 25 años de autonomía y democracia que la han cambiado profundamente.

Nosotros partíamos de unas condiciones de subdesarrollo, etc. Tras 25 años de rodaje autonómico satisfactorio para el cambio de Andalucía, ahora queremos acometer un segundo proceso de modernización que culmine con la plena convergencia que sitúe a Andalucía entre las regiones más avanzadas de España y de Europa.

Por lo tanto, queremos un diseño estratégico. Queremos ese proyecto de segunda modernización que piense en lo que necesita Andalucía para los próximos 25 años. En ello estamos trabajando, con objetivos estratégicos a 25 años vista. Dentro de ese plan de segunda modernización de Andalucía se dice: si para conseguir los objetivos de la segunda modernización es necesario reformar el Estatuto, lo haremos como un instrumento más dentro de un plan político de cambio de Andalucía.

Esta reforma del Estatuto nace muy mirándonos a nosotros mismos. Es una reforma que nace sobre todo mirando a Andalucía, mirando nuestros retos, con un debate muy amplio en torno a esa segunda modernización de Andalucía de la que ya he hablado. Una reforma en la que nosotros, como ahora les describiré, nos planteamos una serie de objetivos no contemplados en el Estatuto y sin pensar si en otros sitios se reforma o no. Pensando en quiénes somos, adónde queremos ir y qué mecanismos tenemos que mejorar en un debate muy interno de Andalucía.

Así, el objetivo de nuestra reforma autonómica, nuestra aspiración, es conseguir más modernidad y más perfeccionamiento de la Autonomía. Una reforma muy pegada a la piel de los retos y de los problemas de Andalucía y con un diseño político estratégico.

Es una reforma que, como decía, tiene que ver con un diseño estratégico, con un programa político de futuro. No es una reforma meramente política o institucional o que tenga que ver con la tensión entre la Autonomía y el Estado.

Es una reforma que tiene que ver con un proyecto político estratégico, lógico después de 25 años de rodaje autonómico para todos. Es normal que una comunidad se plantee cómo estamos, qué hacemos o qué se puede mejorar. Yo creo, que es absolutamente sano y positivo para este país que se produzca un proceso de modernización de los Estatutos, de adaptación y de puesta a punto.

De esta manera, entramos en un debate territorial de mas calado, porque hay otras autonomías que empiezan a reformar los Estatutos y además hay una línea de más debate, de confrontación Autonomía- Estado, etc.

Para Andalucía nace un segundo objetivo. Inmediatamente después de la segunda modernización, nace un segundo objetivo adicional para los andaluces: el de salvaguardar las posiciones conquistadas el 28 de febrero en el referéndum. Es decir, lo que no queremos en Andalucía es que el proceso de reforma de los Estatutos se convierta en una segunda vuelta en el diseño del modelo autonómico constitucional que haga predominar la lógica de la diferencia, resuelto ya hace 25 años.

Por lo tanto, tenemos un objetivo interno, la segunda modernización de Andalucía y un objetivo externo, dentro del conjunto de España, que es salvaguardar nuestras posiciones en la primera línea autonómica.

Insisto en que no queremos que sea una segunda vuelta en el diseño del modelo autonómico constitucional. Pretendemos que prime la lógica de la igualdad, con absoluto respeto a las identidades y a los hechos singulares. Mi comprensión hacia los hechos diferenciales ajenos, ya que para entender las peculiaridades de cada territorio hay que entender la diferencia en los Estatutos, pero sin que se traduzca absolutamente en ninguna clase de desigualdad para la gente.

Al fin y al cabo hablo de personas, no hablo de territorios. En cierto modo, a mi me da igual lo que digan los Estatutos siempre que un niño extremeño, que un niño canario o que una niña vasca tengan exactamente las mismas oportunidades para el desarrollo de su personalidad. Lo demás me parece bastante secundario. Y eso es de lo que hablamos. De esa lógica que nos permita un país, una Europa, que cuente con unas condiciones de partida iguales. Ahí sí que tiene que haber una lógica de la igualdad.

Contexto histórico de la Autonomía motivos y objetivos que contesten a nuestra reforma, procedimientos y mecanismos.

Voy a abordar este asunto con mucha brevedad, porque supongo que estén informados prácticamente de todo ello. Lo que necesitamos para nuestra reforma es un texto articulado que sea aprobado por tres quintos del Parlamento de Andalucía que, más tarde, se remitirá a las Cortes para su aprobación, vía Ley Orgánica. Este proceso culminará con el referéndum.

Lo que en Andalucía estamos haciendo en nuestra reforma a fuego lento, es un trabajo en el interior, de reforma, muy profundo. Pero no de reformas legales, no. Un proceso de reformas en nuestro Plan estratégico de Andalucía. Un proceso que nos ha consumido bastante tiempo.

Empezamos con un proceso de comparecencias sociales.

En el año 1980, el primer Estatuto de Autonomía fue elaborado por una ponencia de técnicos ya que los partidos políticos que hoy existen apenas estaban consolidados, tampoco existía una sociedad vertebrada como la que hoy tenemos, ni las organizaciones sociales, empresariales, económicas ni culturales que hoy existen.

Ahora hemos querido que la reforma del Estatuto de Autonomía, nazca de la mano de la sociedad andaluza. Para ello, empezamos por un largo y fructífero proceso de comparecencias sociales que han llevado al Parlamento de Andalucía a conocer, como les decía, la opinión de más de un centenar de organizaciones de todo tipo.

Desde el feminismo, al ecologismo, pasando por la empresa, el sindicato, la cultura, la universidad, los técnicos, los constituyentes, los “estatuyentes”. Todo el mundo que tenía cierta representación y quería contar algo, ha pasado por la ponencia de la reforma del Estatuto y nos ha permitido realizar un análisis de lo que ha sido Andalucía.

Ese análisis ha sido, y está siendo, el libro de cabecera de los partidos políticos que trabajan en la reforma. Quiero destacar que la sociedad andaluza nos ha regalado gran cantidad de ideas fantásticas que han abierto nuevos horizontes y puntos de vista interesantes que se están volcando en el Estatuto y que además por venir de la mano de la sociedad, parece que llevan casi consigo el consenso de las fuerzas políticas.

Cuando un colectivo especializado, como por ejemplo la Federación de Sordos, pide que el reconocimiento a la lengua de signos se recoja en el Estatuto, porque para ellos es un tema esencial, y además lo es desde el punto de vista de los derechos sociales, etc. ¿quien va a decir que no se reconozca la lengua de signos? Otra cosa es si es fundamental que un Estatuto contenga ese detalle o no. Pero eso ya lo resolvimos nosotros en el año 1980 y tenemos un Estatuto muy singular del que ahora les contaré algo.

Pues bien, ha sido un proceso de comparecencias sociales, nutrido, intenso, interesante. Después de cerrarse, condujo a la constitución de la Ponencia donde actualmente trabajan los cuatro partidos políticos que tienen representación en el Parlamento andaluz. PP, IU, PA y PSOE, que están trabajando en la reforma con el calendario que les decía. Éste debería estar terminado a finales de este año y permitirá realizar el referéndum a final de 2007.

Contenidos de la reforma.

Aquí hay una primera parte que tiene que ver con nuestros objetivos colectivos. Nuestro Estatuto, es un Estatuto muy literario, muy político, porque el hecho diferencial de Andalucía es ese hecho igualitario. Es un Estatuto vivencial, de cuya lectura se ve que es muy político, con mucha literatura, con muchos grandes objetivos. El artículo 12, es particularmente interesante, porque define lo que yo llamo el universo de referencia político de Andalucía.

Ese artículo 12 está en el título preliminar y contempla los objetivos, las referencias políticas de Andalucía. En él, se pueden encontrar referencias abundantes a la emigración. Hace 25 ó 30 años, Andalucía era una tierra básicamente preocupada por la emigración. Le emigración era uno de los elementos de la Andalucía que queríamos cambiar. Hace 25 años estábamos tan preocupados por la “maleta propia” que no éramos capaces de pararnos a pensar que iban a venir “maletas ajenas”.

Es un Estatuto que no recoge ni una sola palabra sobre uno de los fenómenos más potentes del siglo XXI que tenemos que administrar: la inmigración. También, la Andalucía de hace 30 años era la comunidad autónoma de este país con la mayor tasa de analfabetismo. Una gran tasa de analfabetismo a erradicar, que obsesionaba a los poderes públicos.

Esas, eran las preocupaciones de hace 30 años. Por supuesto que quiero hablar del Estatuto de hace 30 años, pero también de la nueva alfabetización informática, del acceso a las nuevas tecnologías, de la sociedad de conocimiento, puesto que son los asuntos que interesan ahora. Son los contrastes de un Estatuto muy volcado en la reforma agraria.

La reforma agraria era algo potente en esa Andalucía de hace 30 año, pero creo que ya ha pasado, no porque no sea importante el sector primario y no haya que seguir trabajando en él, sino porque ahora hay una Andalucía industrial, con un sector turístico impresionante.

Es decir, hay otra Andalucía que no se identifica exclusivamente con la Andalucía rural o con la Andalucía agraria.

Posiblemente el Estatuto de Autonomía andaluz esté más anticuado que la Constitución Española. Yo creo que la Constitución es mucho más moderna que nuestro Estatuto, porque es un Estatuto que bebía mucho de ese fenómeno, que antes comentaba: la pobreza, el subdesarrollo...

Los andaluces hemos sido capaces de salir de donde estábamos hace 25 o 30 años con la ayuda de la solidaridad del conjunto de España y de Europa.

Ahora queremos un nuevo Estatuto que contemple otros nuevos objetivos, las preocupaciones que tenemos hoy, ya que hemos superado los objetivos del primer Estatuto, que fue el de las primeras modernizaciones. Ese es un elemento básico y sobre el que se discute mucho, con una orientación social muy grande. Todavía se está discutiendo si se introduce una Carta de Derechos Sociales o, en cualquier caso, un capítulo exclusivo de derechos sociales donde puedan tener reflejo los nuevos derechos que demanda la ciudadanía.

¿Por qué esos nuevos derechos tienen que estar en el Estatuto de Autonomía? Porque todo lo que tenga rango estatutario no estará al arbitrio del gobierno de turno. Es decir, lo que está en las leyes se cambia por mayoría. Lo que está recogido en un Estatuto, queda salvaguardado gobierne quien gobierne, salvo que, un proceso tan complejo como es el de la reforma del Estatuto, tenga un quórum suficiente.

Por lo tanto, es algo que para nosotros resulta básico. Si nosotros somos capaces de consolidar en el propio Estatuto de Autonomía un contenido social potente, lo que estaremos consolidando será el estado de bienestar en una época donde políticamente hay tanta preocupación por el desarrollo de nuestro estado social.

Como decía, queremos preservar el estado social bien sea grande, mediano o chico que tenemos en Andalucía y salvaguardarlo para el futuro, blindando una serie de cosas que nos preocupan.

A nosotros nos preocupa menos el hecho del blindaje de las competencias, lo que más nos preocupa es proteger a la gente, a la ciudadanía. Y desde este punto de vista, hay una serie de avances que creo son muy interesantes: uno en materia de derechos sociales y otro en materia de democracia.

En materia de democracia, tiene que ver con los medios de comunicación, básicamente públicos, donde entiendo que el Estatuto va a ser muy vanguardista e innovador. Por ejemplo, el Gobierno autonómico andaluz aprobó dos leyes muy importantes para el sector audiovisual, como que el director de la Radio Televisión Pública Andaluza lo elija el Parlamento por una mayoría cualificada y no el gobierno.

Esa es una ley que la vamos a llevar al Estatuto, con lo cual ya no la podrá cambia nadie. Insisto en que con ello, estamos blindando avances en el Estatuto.

La otra ley aprobada por el Gobierno es la relativa a la creación del Consejo Audiovisual, un organismo de independientes que debe velar por la transparencia, la pluralidad y la calidad de los medios de comunicación públicos andaluces. Otro avance que, existiendo en el Parlamento, lo elevamos al Estatuto y lo blindamos. Ya sabemos que gobierne quien gobierne no va a poder elegir al Director de la RTVE andaluza si no es reformando el Estatuto. Se trata de un blindaje de derechos.

También hemos introducimos otro capítulo nuevo, de nuevo cuño, que tiene que ver con algo que a mi me parece básico y fundamental para la modernidad, para el futuro y que conecta con las preocupaciones de los andaluces y las andaluzas del siglo XXI.

Es el capítulo específico sobre medio ambiente y sobre ambientalismo. Sobre todo lo que tiene que ver con el compromiso del Gobierno autonómico para la defensa de los valores de la sostenibilidad, muy moderno, puesto que hace 20 o 30 años tampoco existía esa preocupación en los redactores del Estatuto.

Les he contado algunas cosas de las que se escribe poco y por ello puede parecer que tienen menos interés. Pero, en realidad, estos son los asuntos que realmente me preocupan porque son avances sociales, son derechos de ciudadanía, son mejoras democráticas y se tiene que blindan, se tienen que mejorar y proteger. Por tanto, confío en que todo lo que estoy diciendo sean propuestas en discusión.

Nosotros contamos con que saldrán adelante porque todas estas propuestas vienen de la mano del partido que tiene mayoría absoluta, pero aún así, es probable que finalmente algo de esto que estoy diciendo se caiga.

Hay una gran discusión, por ejemplo, con que el Partido en el Gobierno introduzca la paridad en el Estatuto. Estamos desarrollando la ley y se quiere introducir la paridad directamente en el Estatuto de Autonomía, todo ello con la negociación de todos los grupos políticos para conseguir el máximo consenso.

Por eso les hablo de lo que ahora mismo se está discutiendo porque, además, casi todo está avalado por las principales fuerzas políticas, lo que puede favorecer el que prosperen en el texto articulado.

En materia de competencias, tenemos muy claro que no queremos quedar a los márgenes de la Constitución.

En nuestro Estatuto creo que no va a ser posible introducir un tema que para nosotros es de mucho interés. Me refiero al tema del agua. En Andalucía tenemos un gran río que es el río Guadalquivir. Un río que todos ustedes identificarán plenamente como andaluz. Un río cuyo caudal transcurre en un 99% por Andalucía, pero que tiene un 1% extracomunitario, porque tiene una fuente que más que fuera de la provincia de Jaén es un charco fuera de Andalucía, suficiente para que según la Constitución no se pueda transferir al estar en dos regiones.

En relación a este tema, tenemos una discusión profunda con el Gobierno central, porque el Guadalquivir no es intraautonómico por ese pequeño capricho de la naturaleza. Si me permiten la broma, si no nos transfieren el Guadalquivir vamos a tener que anexionarnos un pedazo de terreno de Castilla-La Mancha o algo así, lo que nos va a conducir a un verdadero problema.

Lo que les digo es que ojalá se pudiera administrar la Autonomía, porque sí que creo en la Autonomía, en la descentralización como elemento para pegarse mejor a la piel del territorio y como mejor solución de los problemas más cercanos a la realidad.

Salvado el tema del agua, existen un montón de aspectos más como el ferrocarril, el puerto, el aeropuerto, las cajas rurales .... Aspectos comunes a prácticamente todos los Estatutos que hay circulando.

Les diría también que hay algunas reformas institucionales importantes. Como saben, otra de nuestras aspiraciones es que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía se convierta en el órgano que culmine la organización territorial. Si bien es cierto que intentaremos darle una redacción al Estatuto que permita su conciliación con la legislación básica del Estado, se está reformando y eso no tiene por que ser ningún problema.

Queremos profundizar en los mecanismos de cooperación con el Gobierno central, en materia de planificación económica; participación y formación en la firma de tratados de convenios internacionales que tengan que ver con Andalucía. La consulta, como es natural, en la transposición del derecho de la Unión Europea en el ámbito de nuestras competencias. Una serie de reformas técnicas obligadas, como es la disolución de la Cámara, o sobre la convocatoria electoral, o sobre el Consejo Consultivo que tenía por norma el Estatuto.

El Estatuto dice que la estructura periférica de la Junta de Andalucía en las provincias son las diputaciones provinciales cosa que finalmente no fue. Lo que ahora existen son las diputaciones provinciales y, sin embargo, la Junta de Andalucía ha creado una estructura periférica propia de delegaciones en cada una de las ocho provincias, con la Delegación Provincial de Salud y de Medio Ambiente. Todo eso no tiene reconocimiento en el Estatuto.

También tenemos un pequeño “lío” político al que dedicaré un minuto. Se trata de la disposición adicional segunda del Estatuto de Autonomía de Andalucía que es lo que llamamos en Andalucía la deuda histórica. Lo aprobaron las Cortes, lo aprobó el Congreso de los Diputados y el Senado, lo aprobaron en el Estatuto de Autonomía por el déficit histórico que en todas las materias se venía arrastrando.

En ella se establecían unos mecanismos para que hubiera una compensación económica del Gobierno, a negociar, que pudieran compensar a Andalucía del déficit inversor que había tenido. Se aprobó en ley orgánica estatal. Es ley orgánica no Estatuto de Autonomía.

La disposición adicional segunda dice: “Dadas las circunstancias socioeconómicas de Andalucía que impiden la prestación de un nivel mínimo en alguno o algunos de los servicios efectivamente transferidos los presupuestos generales del Estado consignarán con especificación de su destino y con fuentes excepcionales”, es decir no un sistema de financiación ordinario, sino con fuentes excepcionales de financiación, unas asignaciones complementarias para Andalucía que garanticen la consecución del nivel mínimo”.

Se preveía que durante un tiempo el Estado mandara más cantidades adicionales a Andalucía para que recuperara un poco del tiempo perdido. Esto no ha ocurrido nunca. En 25 años solamente ha habido un pago a Andalucía, un pago a cuenta, que se produjo en el cambio de Gobierno del último Gobierno socialista al primero del PP. Lo aprobó el Gobierno de Felipe González y lo pagó el de Aznar.

Hay solamente un pequeño pago a cuenta. No se ha pagado nada más y ahí sí hay una discusión porque verdaderamente se ha producido un cambio. Es decir, cada vez tiene menos fuerza en Andalucía este componente histórico de la deuda, del agravio. Esto va desapareciendo conforme se va convergiendo, pero claro, los partidos se agarran a esos hechos diferentes, al derecho insular, el derecho foral...

También existe en muchas comunidades un elemento de rozamiento en torno a la denominación de cada comunidad donde hay una cierta división entre los grupos de IU y PA que defienden la idea de la nación y el PSOE y el PP que no están de acuerdo con ese concepto. Yo espero que este debate planteado no dé al traste con el consenso necesario.

Esto es a groso modo en lo que allí estamos trabajando.

Voy a ir terminando con una serie de conclusiones que, seguro, nos servirán para realizar un coloquio posterior.

Quisiera decir que están coincidiendo una serie de debates políticos que, a mi juicio, no están beneficiando demasiado todo el proceso. Esta dinámica de reformas estatutarias que, personalmente defiendo, la entiendo desde la normalidad. Para mi, es absolutamente normal porque creo que la patología jurídica es la no reforma, ya que la reforma de cualquier norma significa vigor y renovación de acuerdos constituyentes o estatuyentes.

Creo que cada generación tiene derecho a revisar sus propios acuerdos estatuyentes y por lo tanto, no pasa nada porque cada 25 años se le de una vuelta al sistema. Sobre todo después de 25 años de un proceso inaugural como ha sido el modelo autonómico español. Tal vez esto no sea necesario hacerlo con periodicidad, pero insisto: empezamos desde la nada, sin saber nada. Hemos tenido todos una experiencia fantástica, así que no pasa nada porque haya un proceso de reforma general, parcial o que haya comunidades autónomas no interesadas en hacerlo.

La coincidencia en el tiempo del debate sobre las reformas de los Estatutos con el debate sobre el sistema de financiación autonómica, tiene a mucha gente preocupada porque de manera poco pedagógica, cuando no engañosa, se están mandando mucho mensajes que hacen que se produzca un solapamiento mediático del debate sobre la financiación y sobre las reformas estatutarias.

El hecho de la reforma del Estatuto, naturalmente, no es inocuo cien por cien, pero a lo mejor, fuera del debate sobre la financiación se estarían viendo las cosas de otra manera. El debate sobre la financiación es un debate periódico que cada cierto tiempo tiene que abordar este país, que es un estado complejo formado por un gobierno central, autonomías y por un poder local que también tiene un reflejo en el Estatuto de Autonomía.

Por lo tanto, es normal que ese debate sobre financiación esté solapado porque es un debate periódico, no como el debate sobre la reforma del Estatuto que es más estructural y menos periódico. Todo eso son noticias entrecruzadas que terminan generando una inquietud y un desasosiego, a mi juicio, desmedido por algunas cosas que están pasando.

También tengo que decir que yo tengo confianza, tengo una absoluta confianza en el sentido común de los españoles en general. En el sentido común de las fuerzas políticas y en el sentido común del Gobierno de España. Tengo la confianza de que sucederá lo mismo que cuando el Plan Ibarretxe salió del País Vasco. Parecía que iba a ser el fin del mundo y todo terminó en el Congreso de los Diputados con una votación negativa.

La verdad es que el sistema funcionó de maravilla. ¿Por qué? porque el Plan Ibarretxe no cumplía con los requisitos exigidos. Pero me reitero, y digo que tengo una gran confianza en que en el Congreso de los Diputados, donde reside la soberanía popular de este país en su conjunto, tendrá que ajustar, rechazar y medir los procesos, las imperfecciones y los defectos que puedan concebir cualquiera de los estatutos de autonomía que vienen a él.

Estamos en un momento político y social que necesita grandes uniones. Todos los grandes problemas que nos asaltan y que de verdad inquietan a la gente son el terrorismo internacional, la delincuencia internacional, etc. Los demás elementos son bastante más llevaderos.

Los grandes problemas medioambientales que trascienden la capacidad de cualquier Gobierno regional o estatal, los avances científicos, los conflictos armados, la propia economía, la dinámica comercial... La solución de todos esos problemas necesita menos fronteras y más lugares de encuentro. Eso es lo que a mi juicio necesita la sociedad. La sociedad necesita la solución de los problemas que ahora mismo tiene el mundo: la desigualdad, la pobreza, el terrorismo.

Todavía hay innumerables retos para que todos los seres humanos tengan igualdad de derechos, para que la democracia se extienda a todos, para que tantas mujeres privadas de derechos se puedan ir incorporando a un mundo medianamente justo. Todo eso, como decía, requiere bastantes menos fronteras y más lugares de encuentro.

Lo que me preocupa es que las políticas o las reformas sirvan de refuerzo para quienes envolviéndose en la bandera de sus egoísmos no quieran afrontar con generosidad y altura de miras los grandes problemas que la sociedad tiene planteados y que requieren un demos global.

Tenemos que emplearnos a fondo en la construcción de un demos global. Tenemos que orientar todos nuestros esfuerzos para construir un modelo en el que la gente sea capaz de gobernar la globalización. Por lo tanto, su futuro desde la política y la democracia.

Y me preocupa también el que cuando al fragor de una batalla política o de la enarbolación de una bandera pequeña propia no se con qué colores, perdemos de vista lo fundamental que es todo lo que nos une.

Absolutamente todos los retos que tenemos planteados, ni nos separan, ni nos diferencian a un catalán de un vasco, de un extremeño, de un sueco, de un francés, de un noruego, de un italiano, de un chileno o de un angoleño y eso si me inquieta porque las políticas identitarias son un gran obstáculo para la creación de un tema global de crecimiento.

Hace falta crecer hacia arriba. Hace falta tener estructuras de gobernanza capaces de dar soluciones a los grandes temas que tenemos planteados. Y yo me quería permitir el lujo de hacer una reflexión y que en mi modestísima opinión es muy importante y es que: la reforma de los Estatutos carece de sentido si no se realiza para solucionar los grandes problemas de la gente y esto, hay que hacerlo con una gran generosidad, altura de miras y sabiendo exactamente donde ponemos la energía cívica. Y esa tiene que estar detrás de la Constitución y delante de un montón de cosas que nuestra pequeña bandera personal puede nublar a veces.

Muchas gracias.





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