ESTRATEGIA DE CANTABRIA FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO
1. Estamos en una encrucijada.
Nos encontramos ante una encrucijada sin precedentes en la historia humana.
En la elección de un camino u otro se juega nuestra propia supervivencia como especie. Las alteraciones climáticas asociadas a las emisiones de gases de efecto invernadero representan el mayor desafío global en la actualidad.
Vamos a un cambio de suministro energético muy importante. Probablemente, dentro de unas décadas, el petróleo será ya historia. El petróleo, que fue ganando terreno al carbón, la fuente de energía que desde el siglo XVIII movió las máquinas de vapor, y con ellas la industrialización de Occidente.
Vamos camino de una sustitución masiva similar. E imprescindible. Porque las pruebas científicas de la existencia del calentamiento global presentada en el “Cuarto Informe de Evaluación: Cambio climático 2007” han disipado cualquier duda que hubiera sobre el calentamiento global provocado por el ser humano.
Lo que ocurre lo explica el profesor John Sterman, de Massachussets, con un símil muy sencillo que quiero repetir aquí:
Supongamos que la atmósfera es una bañera con un grifo que vierte en ella CO2. Supongamos que esa bañera tiene un sumidero, que en el caso de la atmósfera, son los bosques y los océanos. ¿Qué ocurre si el caudal del grifo es superior a la capacidad del desagüe? Si no cerramos el grifo, superaremos la capacidad de la bañera y se desbordará. Dependerá de cuándo y cuánto cerremos el grifo, tardaremos más o menos en ver la bañera desbordada. Es cuestión de tiempo, pero ocurrirá.
En estos momentos ya emitimos a la atmósfera una cantidad de CO2 muy superior a la que la tierra puede absorber y por lo tanto la bañera se está llenando, aunque todavía estamos lejos de que se desborde.
La creencia errónea de que estabilizando las emisiones rápidamente se estabilizaría el clima, puede ser útil para tranquilizarnos, pero choca contra las leyes básicas de la física.
No estamos hablando de cualquier cosa. Si esos porcentajes de emisiones de gases de efecto invernadero, siguen aumentando a medida que pasen los años, incluso si siguen manteniéndose a ritmo actual, no está lejos la fecha en la que la propia supervivencia de la especie humana estará en riesgo.
Si existiera una autoridad global con capacidad de obligar a todos, un parlamento universal que debatiera y decidiera democráticamente sobre los problemas globales, este peligro sería el tema central de ese parlamento. Un gobierno universal tendría la capacidad de obligar a los más de 6.000 millones de personas que hoy habitamos la tierra a un cambio urgente de actuaciones y comportamientos.
Pero eso no es así. Damos pasos inciertos, vacilantes, inseguros. Todavía hasta principios de este año, el país más poderoso de la tierra, Estados Unidos constituía un freno descomunal al compromiso de Kyoto y a la hoja de ruta de Bali.
Y sin embargo, la encrucijada en la que nos hallamos nos obliga a todos: A los gobiernos de las grandes naciones, a los gobiernos de las regiones, a las grandes estructuras supranacionales de poder como la Unión Europea y a los ciudadanos y ciudadanas como individuos.
2.- El papel de las regiones
Voy a centrarme ahora en el papel de las regiones. Si bien es cierto que con la llegada de Obama a la Casa Blanca prácticamente ya no quedan escépticos de relieve sobre la existencia de un cambio climático, todos o la mayoría de nosotros nos hallamos lejos del cumplimiento de los objetivos del compromiso de Kyoto.
El conjunto de España, mi país, ha contribuido mal a alcanzar esos objetivos. Este hecho tiene sus explicaciones, políticas naturalmente, pero el hecho es que estamos un 52% por encima de los objetivos de Kyoto.
Y Cantabria, mi región, ha contribuido más negativamente todavía a los objetivos de Kyoto. En 2008 estaba un 60% por encima de la cifra de emisiones establecida con las previsiones de Kyoto. También hay explicaciones para ese comportamiento de Cantabria. Y también eran sobre todo de índole política.
Y es que la política es fundamental, (para todo, afirmo yo), pero indudablemente, para la lucha contra el cambio climático. Con euro escépticos, no se produce una Europa fuerte; con escépticos ambientales, no se han logrado ni se lograrán los objetivos de Kyoto, los de la fase post-Kyoto que pronto afrontaremos, ni la hoja de ruta de Bali.
Llega pronto la fase posterior a Kyoto. Pues bien, en esa nueva fase, el papel de los gobiernos regionales será crucial. Porque los gobiernos regionales son competentes en materias vinculadas a la emisión de gases de efecto invernadero. Son competentes en energía, transporte, industria, agua, en la utilización del suelo, en la gestión de recursos. Y son hábiles, si quieren, para crear redes y complicidades con la sociedad civil, con las autoridades locales, con otros gobiernos, con otras regiones, con sus propios ciudadanos.
En octubre del año pasado, así lo constataba y así lo reclamaba en Saint Malo la Red de Gobiernos Regionales para el Desarrollo Sostenible. Una red a la que pertenece Cantabria y con cuya Declaración coincide plenamente la estrategia puesta en marcha por el Gobierno de Cantabria.
3.- La diferencia entre hacer algo y no hacer nada o hacer poco.
Se ha calculado que si mi región, Cantabria, no tomara medidas políticas y estructurales de carácter activo, el conjunto de emisiones regionales de GEIS sobrepasaría los 9,5 millones de toneladas en 2012. Esto supondría un aumento del 15% sobre los niveles actuales.
Si no hiciéramos nada y se produjera ese incremento, la temperatura media anual se elevaría entre 3 y 4 grados para finales de este siglo.
Si no hiciéramos nada, la reducción anual de lluvias estaría en torno al 5% para el período 2011-2040.
Si no hiciéramos nada, perderíamos drásticamente la diversidad biológica. Por ejemplo, a nuestra costa (que es la más meridional a la que llegan los salmones, porque sus aguas son razonablemente templadas), si no hiciéramos nada y se produjera ese aumento de temperatura, no volverían ya nunca los salmones. Perderíamos en biodiversidad, perderíamos en valores naturales, económicos y culturales.
En fin, si no hiciéramos nada, avanzarían los procesos de desertificación y erosión.
Las montañas los prados y los bosques de la región disminuirían su capacidad de retención de carbono orgánico.
El calor extremo aumentaría las enfermedades infecciosas, cardiorrespiratorias y alérgicas.
Esto, si no hiciéramos nada.
4.- La estrategia cántabra frente al cambio climático
Pero el actual Gobierno regional de Cantabria, ha decidido hacer algo, incluso hacer mucho. Hacer todo lo que esté en sus manos. Ello no quiere decir, ciertamente, que no sepamos que muchos de los efectos que acabo de citar son ya inevitables, irreversibles.
Pero también sabemos que el alcance final del cambio climático dependerá del nivel de concentración de GEI que haya en la atmósfera en los próximos años. Y que si todos reducimos las emisiones, podemos paliar sus efectos.
Ya que no hemos sido capaces de conseguir a tiempo los estrictos objetivos de Kyoto, queremos ser realistas, y nos marcamos una reducción posible, que sea realizable: En vez del 15 %, el 37%.
Para ello se ha elaborado, mediante un cuidado proceso de participación, la Estrategia Cántabra de lucha contra el cambio climático en torno a nueve ejes con 184 acciones concretas en tono a esos nueve ejes estratégicos. Para llevar a cabo esa Estrategia se ha presupuestado una inversión directa de 82, 5 millones de euros.
Las líneas maestras de esta Estrategia son dos: La primera, atenuar la velocidad del proceso de Cambio climático en la región. Y la segunda, hacer frente a las consecuencias del Cambio climático.
El “hacer algo, hacer mucho, o, sencillamente, hacer lo que se tiene que hacer”, que decía antes, se centra en estos 9 ejes estratégicos, muchos de ellos coincidentes con estrategias de otras regiones y países:
Apostar por energías limpias.
Ahorro y eficiencia energéticas: ofertar determinado tipo de energía y a la vez convencer al consumidor de las ventajas de utilizarlas.
Apostar por el transporte sostenible.
Apostar por la ordenación del territorio: En este aspecto Cantabria tiene una historia de mala planificación de centros logísticos. Ilógicas distancias del centro de trabajo, el dormitorio, el centro de compras, etc. hacen aumentar absurdamente las EGEI, que se disparan en el sector del transporte.
Una nueva gestión de residuos que ahorre energía en vez de la espiral de aumento del consumo energético en el que estábamos por esta actividad.
Sumideros de carbono. Estableciendo capturas de CO2 a través de bioprocesos, almacenamiento y fijación.
Apuesta por el I+D+i
Control de las emisiones de GEI, por la autoridad regional. No sólo en los sectores cuyo control es obligado, como la industria, la producción energética, sino en las emisiones denominadas de generación difusa, como el transporte.
Sería imposible siquiera enumerar aquí las 84 medidas que se articulan en torno a estos ejes estratégicos. Pero sí quiero referirme a la puesta en marcha de indicadores sencillos para medir y evaluar permanentemente esos ejes; a la obligación a partir de ahora de que los pliegos de condiciones contengan criterios de sostenibilidad; a la creación de webs específicas y diversas; y a una nueva política de comunicación hacia el ciudadano y desde el ciudadano. Hacia otras regiones y desde ellas.
La Estrategia de Cantabria se ha redactado de manera participativa. Primero en una Comisión intra-gubernamental formada por 17 directores generales de los distintos departamentos del Gobierno ( 8 consejerías) que elaboró el documento base.
Luego, en un procedimiento de consulta directa, se sometió a la sociedad civil (colegios profesionales, asociaciones, empresarios y sindicatos, cámaras de comercio, puerto etc), universidades, e incluso a los hospitales.
5.- Opción por la energía eólica.
En el año 2009, se están desarrollando los 9 ejes de la estrategia y las 84 medidas. El desarrollo más llamativo es el del eje primero, la apuesta por las energías renovables, en este caso con un ambicioso programa eólico regional.
En esencia, este programa quiere poner en servicio una potencia eólica de 1.500 megavatios (el equivalente a la electricidad que produce la central nuclear de Garona) a través de la instalación de entre 500 y 600 aerogeneradores, en un área de aproximadamente el 2% del territorio regional.
Cada uno de estos molinos podrá producir diariamente energía equivalente a la quema de una tonelada de CO2
En el Parlamento de Cantabria, del que tengo el honor de ser Presidente, se debate con frecuencia el asunto del cambio climático y sus consecuencias. En estos momentos las claves del debate pasan por que la oposición política, (el Partido Popular) se queja del impacto visual que teme van a originar sobre el territorio los 500 aerogeneradores.
El Gobierno y la coalición de partidos que lo apoyan (Socialistas y Regionalistas) defienden la opción eólica con dos argumentos claves:
Primero: mucho más, más catastrófico e irreversible impacto visual negativo se produciría si dejáramos las cosas como están y no hiciéramos nada. Esta actitud trastocaría el paisaje de una región con tanta riqueza natural como es Cantabria.
Y segundo: Los molinos eólicos se pueden desmontar sin ningún problema el día que las investigaciones y desarrollos en curso, descubran otras alternativas menos agresivas desde el punto de vista visual.
La reversibilidad de la tecnología eólica es un aspecto tenido en cuenta en la Estrategia Cántabra contra el Cambio Climático.
Los aspectos concretos de esta Estrategia han sido presentados y se debaten con frecuencia en el Parlamento que yo tengo el honor de presidir.
Recientemente, hace algo más de una semana, se celebró allí un debate de política general de la región, también de política energética y medioambiental.
Tuve la satisfacción de escuchar al Gobierno que su objetivo es tener disponible el 50% de la energía renovable para el 2020. Comprobar también su decisión de abrir una vía de investigación y desarrollo sobre la energía eólica marina y la apuesta estratégica del Gobierno por el I+D+i.
El Gobierno de mi región está muy interesado en seguir la iniciativa de Gran Bretaña de producir 15.000 megavatios en el mar, frente a Londres. Vamos a
estar ahí, en esa tecnología. No sólo para producir energía renovable, sino para crear infraestructuras precisas y para ser exportadores de esa tecnología.
El capítulo “energías renovables” es uno de los puntales de la estrategia de I+D de Cantabria
Porque, termino ya, el cambio climático, inevitable a lo que parece, debe ser una oportunidad para la investigación, para generar actividad económica, para poner en valor, esto es muy importante para las zonas de montaña, los enormes yacimientos de recursos energéticos, limpios y renovables que están dormidos en las cumbres de nuestros montes, esperando la tecnología y la imaginación política que sepa despertarlos y ponerlos al servicio de un desarrollo en armonía con la naturaleza.
Muchas gracias.