Discurso del Excmo. Sr. Presidente del Parlamento de Cantabria |  |
Señor Presidente de la Comunidad Autónoma.
Señor Delegado del Gobierno.
Señor alcalde.
Señores diputados y diputadas.
Vicepresidenta y Miembros del Gobierno.
Señor Presidente del Tribunal Superior de Justicia.
Autoridades.
Señoras y señores.
Los diputados y alcaldes de diversos valles de las Asturias de Santillana se reunieron aquí hacer 227 años. El acta de la reunión comienza con unas palabras muy significativas: “Viendo los beneficios que reportan la concordia y la armonía entre los pueblos, decidimos unirnos en una provincia, Cantabria, y dotarnos de estas Ordenanzas”.
Sí, señoras y señores: La concordia y la armonía son los mayores tesoros que puede tener una sociedad. Dichosa la generación que puede nacer y vivir bajo el signo de estos dos valores.
Creo que nosotros somos esa generación, porque estamos teniendo la fortuna de vivir en libertad y en democracia. Para garantizar estos valores para nosotros y para las generaciones futuras están las Instituciones democráticas. El Parlamento –especialmente- está para eso: Para que los distintos intereses de los ciudadanos, para que las opiniones encontradas, para que las diferentes respuestas que la sociedad es capaz de dar legítimamente a los mismos problemas, se resuelvan con las herramientas de la palabra, del debate y de la votación. Nunca jamás con los instrumentos detestables de la violencia.
Aquellos hombres que se reunían aquí en 1778 discutieron y decidieron sobre los problemas reales que les preocupaban: La seguridad de los caminos y la construcción de los puentes. Sus pleitos costosos e interminables, el buen gobierno de las familias y los pueblos, la administración de los bienes comunes... Eran debates llenos de sensatez y de eficacia.
227 años más tarde, después de avatares incontables, después de que nuestra Constitución impregnara de los mejores valores humanos el tejido de nuestra vida en sociedad, después de que nuestro Estatuto nos diera una autonomía satisfactoria en el marco de esa Constitución, nuestras Instituciones continúan aquel debate sobre asuntos directamente conectados con las necesidades y las aspiraciones de nuestro Pueblo. Algunas comunidades autónomas vuelven ahora a debatir sobre sus estatutos para adecuarlos a las nuevas realidades, a los cambios que se han operado en los últimos 25 años.
Aquí, en Reocín, hemos tenido la oportunidad la semana pasada de escuchar a siete Parlamentos autonómicos por boca de sus Presidentes, las esperanzas y las dificultades de los procesos que tienen en marcha para reformar sus Estatutos. Nosotros les hemos expresado nuestro respeto y les hemos deseado, a todos ellos, el mayor acierto en sus decisiones. Porque el acierto de cada uno de esos Parlamentos y de las Cortes Generales fortalecerá el proyecto común de todos los españoles. Y porque acierto necesitaremos también nosotros si decidimos emprender la reforma de nuestro Estatuto de Autonomía.
Observamos que algunos de esos Parlamentos tienen que dedicar gran parte de sus energías a seguir debatiendo sobre sentimientos de identidad y de pertenencia.
Creo, señoras y señores, que la historia nos ha liberado a los cántabros de esas cuestiones. Nosotros no tenemos que preguntarnos cada mañana quiénes somos y qué sentimientos albergamos respecto a Cantabria y España. Creo que es una gran ventura poder fijar la atención de nuestros debates en asuntos conectados con las necesidades de nuestra gente.
Por fortuna para Cantabria, nuestro Gobierno y los diputados y diputadas que representan a toda la ciudadanía están dedicando todo su esfuerzo, y justo es reconocérselo, toda su capacidad y toda su creatividad a proponer, a debatir y a decidir sobre los intereses económicos de Cantabria, sobre el empleo, la vivienda, los usos del territorio, la violencia contra las mujeres, la calidad de la educación, la mejora de la sanidad, los derechos de las minorías. Y, especialmente, sobre las salidas que tenemos obligación de buscar para nuestra juventud.
Ningún debate sobre nacionalidad eclipsa afortunadamente en nuestro Parlamento el debate que de verdad interesa a todos los ciudadanos: cómo defender mejor los intereses de Cantabria, cómo financiar nuestros objetivos de futuro, cómo ordenar la producción y el transporte de energía, cómo desarrollar las comunicaciones, cómo seguir contando con la ayuda de Europa.
Concluyo ya, señoras y señores.
Europa ha formado parte también de nuestros debates. Y quiero decirlo con absoluta rotundidad: Europa es la tarea de nuestra generación. No una tarea más. Sino la tarea, con mayúsculas, a pesar de las dificultades que tiene sacar adelante el Tratado Constitucional Europeo.
Para terminar como empecé: Queremos construir Europa por las mismas razones por las que nuestros antepasados de hace 227 años quisieron construir Cantabria:
Porque hemos visto y comprobado los beneficios que reportan la concordia y la armonía entre los pueblos. El proyecto europeo es sobre todo eso: Concordia y armonía.
Concordia y armonía para construir condiciones para la paz.
Concordia y armonía para crecer económicamente respetando la naturaleza.
Concordia y armonía para extender al mundo entero las virtudes cívicas: la tolerancia, la solidaridad, la justicia y la libertad.
Larga vida a las Instituciones de la Democracia.
Larga vida a las Instituciones de Cantabria.
Muchas gracias.