Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria.
Sra. Vicepresidenta. Miembros del Gobierno.
Miembros de la Mesa del Parlamento. Diputadas y Diputados.
Sr. Delegado del Gobierno.
Sr. Alcalde
Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.
Sra. Fiscal Superior de la Comunidad Autónoma.
Autoridades.
Señoras y señores.
Tal día como hoy, hace un año, celebrábamos aquí el 25 Aniversario de nuestra Autonomía. Destinamos entonces muchos esfuerzos conmemorativos y pedagógicos a repasar el itinerario que habíamos seguimos durante el último cuarto de siglo de nuestra historia, y llegábamos a la conclusión de que aquél fue un periodo excepcionalmente positivo.
Fue un periodo que brotó del impulso de la Constitución, de la voluntad de los primeros ayuntamientos democráticos y del sustrato histórico de nuestra región. Fue un periodo en el que supimos utilizar nuestras mejores capacidades junto a los potentes instrumentos que los tiempos pusieron a nuestra disposición: La Constitución, que nos cohesionaba con España, el Estatuto de Autonomía que nos capacitaba para el autogobierno y la pertenencia a Europa, que nos anclaba en una plataforma de horizontes formidables.
En el año que acaba de concluir, hemos celebrado elecciones autonómicas y hemos iniciado una nueva Legislatura, la séptima. Comenzamos ahora el segundo cuarto de siglo de la Autonomía. Tenemos las puertas del futuro abiertas para otra etapa que ojalá sea tan extraordinaria como la que hemos vivido. Pensemos en el futuro desde ahora, soñemos el futuro, “a todos nos atraen más”, como decía Thomas Jefferson, “los sueños del futuro, que el peso del pasado”.
Si hoy hacemos aquí un esfuerzo mental y nos situamos con la imaginación al final del periodo de los próximos 25 años que ahora comienza, estaremos en el día 1 de febrero del año 2032. ¿Qué repaso a la historia nos gustaría poder hacer aquel día? Y si no nosotros, los que hoy estamos aquí, ¿de qué actuaciones nuestras podrá sentirse orgullosa la generación cántabra que nos suceda? Porque, amigos míos, el pasado de aquel día, es el futuro nuestro de hoy. La satisfacción colectiva de aquel día, será el resultado de los aciertos que tengamos desde hoy. Y también las frustraciones colectivas de aquel día vendrán determinadas por los errores, las imprevisiones, los desaciertos que tengamos hoy. Así pues, el futuro puede ser maravilloso, pero hay que hacerlo.
Habrá que hacerlo y lo tenemos que hacer con nuestra imaginación, con nuestro tesón, con nuestro esfuerzo y con el uso de nuestra libertad.
Hombres de España,
- clamaba Antonio Machado-
ni el pasado ha muerto
ni está el mañana
ni el ayer escrito.
No está el mañana escrito, pero creo que dentro de 25 años estaremos orgullosos si desde hoy acertamos a mantener nuestro Estatuto como un instrumento útil para afrontar los grandes desafíos de este nuevo siglo. Unos desafíos que pasan por dar a la autonomía local el protagonismo que merece. Que pasan por profundizar en nuestros mecanismos internos de cohesión. Que pasan por impulsar los derechos de ciudadanía, las conquistas del estado de bienestar y – al menos en lo que alcanza nuestra visión inmediata - , que pasan por vincularnos a los derechos de autonomía de las personas dependientes.
Creo que dentro de 25 años, los cántabros se sentirán orgullosos de nosotros si nos mantenemos en nuestra apuesta por un territorio muy competitivo y cohesionado. Si este territorio, que ayer mismo superó sus viejos estrangulamientos, se mantiene en constante tensión para permanecer perfectamente comunicado con los vecinos y con toda la tierra.
Un territorio capaz de sostener el desarrollo de una sociedad muy humanizada: activa, rica en recursos, rica en solidaridad.
Y, sobre todo, creo que la Cantabria del futuro, la que vivirá aquí dentro de 25 años, tendrá motivos para sentirse orgullosa de nosotros, agradecida a nosotros, si, con toda nuestra inteligencia, con todas nuestras capacidades de previsión y de prevención, somos capaces de implicarnos desde hoy a los dos grandes desafíos de nuestro tiempo: Estar en la vanguardia de la sociedad del conocimiento y la información y, sobre todo, estar en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático.
O mucho me equivoco, queridos amigos, o el futuro nos examinará sobre el cambio climático: ¿Fuimos capaces de comprender, cuando aún había tiempo, el fenómeno del calentamiento global del planeta? ¿Atendimos las advertencias sobre la letalidad de los gases de efecto invernadero? ¿Seguimos anclados en los recursos fósiles, el petróleo, el carbón, el gas o el uranio? ¿O, por el contrario, fuimos capaces de sustituirlos por la energía solar, la eólica, la geotérmica, la biomasa, y las demás energías limpias e inagotables?
Se nos examinará con estas preguntas.
¿En los años que transcurrieron entre el 2008 y el 2032 dejamos que siguiera avanzando el desierto y la deforestación, o fuimos capaces de reoxigenar la tierra plantando los millones y millones de árboles que necesitaba el planeta para que pudiera continuar la vida sobre él?
¿Hicimos caso a la Organización Mundial de la Salud cuando nos alertaba sobre las catástrofes humanas y el efecto de la contaminación atmosférica en la salud? ¿Cuándo se nos decía que hay más muertos por contaminación que por accidentes de tráfico?
¿Fuimos capaces de frenar la brecha de la desigualdad entre pobres y ricos? ¿O, por el contrario, ampliamos las diferencias injustas entre los que derrochamos la energía y los 2.000 millones de habitantes del mundo que ahora mismo, en el año 2008, todavía no tienen acceso a la electricidad?
En definitiva: O mucho me equivoco, o el futuro nos examinará sobre las respuestas que demos al reto más relevante de nuestra generación, la lucha contra el cambio climático, nuestra adaptación al mismo.
En otras palabras, el futuro nos juzgara sobre nuestro grado de cumplimiento de algunos textos luminosos: Por ejemplo, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 que recibió el nombre de Cumbre de la Tierra; por ejemplo, el Protocolo de Kyoto de 1997; la cumbre europea de Gottemburgo de 2001, o la Cumbre de Bali de 2007:
Satisfacer las necesidades de las generaciones actuales, sin comprometer la capacidad de las generaciones del futuro para satisfacer las suyas, es el objetivo.
Hoy, 1 de febrero de 2008, tenemos que reconocer que desde hace más de treinta años, los ecologistas y la comunidad científica de expertos nos lo venían anunciando. Y que nuestra sociedad no siempre ha recibido sus advertencias de buen grado. Es más, aquellas personas, aquellas asociaciones muchas veces fueron incomprendidas. Pero ahora, el consenso científico no deja lugar a dudas, ahora ya prácticamente nadie discute los riesgos de la acción humana sobre el clima.
Por eso, no puede pasar más tiempo, sin agradecer a la comunidad científica de expertos su contribución. Ni puede pasar más tiempo, sin agradecer a las asociaciones conservacionistas, muchos de cuyos representantes nos honran hoy aquí con su presencia, el servicio que han hecho a nuestra sociedad con su tesón y su compromiso.
Hoy nadie niega que el hombre es el causante de este cambio climático. Pero nadie niega tampoco que el hombre aún está a tiempo de mitigarlo, de frenarlo, incluso de evitarlo. También puede cruzarse de brazos y no hacer nada. De hecho, los científicos y los gobiernos contemplan esos cuatro escenarios y valoran ya sus consecuencias.
La principal dificultad que nos encontramos para mitigar este problema es que, tratándose el cambio climático de un problema mundial, no existe, sin embargo, un gobierno mundial para instruir soluciones.
Existen sin embargo organismos, como las Naciones Unidas y valiosas iniciativas como el Panel intergubernamental del Cambio Climático que recibió el Nóbel de la Paz el pasado año
Existen potentes instrumentos como la Unión Europea, que se ha situado en la vanguardia mundial contra el cambio climático, a pesar de las fuerzas contradictorias en su seno.
El Gobierno de España es uno de los gobiernos del mundo que se ha tomado en serio la amenaza del cambio climático, elaborando una Estrategia nacional al respecto, un Plan de medidas urgentes y una Estrategia Especial para el Desarrollo Sostenible.
Sabemos que el Gobierno de nuestra Comunidad Autónoma, en sintonía con los planes y estrategias nacionales, tiene ya muy avanzado el borrador de su Estrategia contra el Cambio Climático y ha creado una Comisión de todas las áreas de la administración, presidida por el consejero de Medio Ambiente y una Ponencia Técnica.
Mucho me gustaría que el Parlamento de Cantabria, dada su naturaleza de representación plural de toda la ciudadanía, pudiera erigirse en la conciencia ecológica de los ciudadanos, que éstos vieran a sus representantes políticos, no ya concienciados, que sin duda lo estamos, sino concienciadores: agentes del debate sobre el cambio climático, fiscales cívicos de este problema.
Mucho me gustaría, por fin, que en todos los Ayuntamientos de Cantabria creciera la conciencia y la responsabilidad para afrontar también ellos este problema.
Porque acertamos en Cantabria, en España y en Europa, cuando nos planteamos el problema del cambio climático como un desafío sin precedentes, como una oportunidad para los próximos años que pondrá a prueba nuestras capacidades.
Puede estimular la creación de un tejido industrial nuevo, generar nuevos empleos, obligarnos a avanzar en la innovación tecnológica, en las políticas de la fiscalidad y en sentar las bases para un desarrollo en armonía con la naturaleza.
Termino ya, señoras y señores. Este fenómeno tan nuevo y tan desconocido, traerá aparejado un desafío para la juventud, me complace mucho señalarlo. Es una oportunidad para la Universidad, para las ciencias y para la sociedad del conocimiento.
Trabajar por este objetivo supone abrir nuevas líneas de investigación en las ciencias físicas y químicas y en las ciencias sociales. En las ciencias biomédicas y en la salud pública.
Frenar el cambio climático debe suscitar un nuevo afán por comunicar, por educar, por capacitar tecnológicamente a los jóvenes, por crear canales de participación, por impulsar redes sociales, diálogo democrático y nuevos comportamientos de los ciudadanos.
Finalmente, permítanme que les diga que es necesario cambiar nuestras relaciones con la naturaleza. Hace más de cien años, se lo recuerdo, el jefe indio Seattle le dijo al presidente de los Estados Unidos: “Todos los seres vivos estamos relacionados. Cualquier cosa que le pase a los animales le pasará también al hombre. Cualquier cosa que le ocurra a la tierra le ocurrirá también a los hijos del hombre”.
Nada más y muchas gracias.