DISCURSO DEL RECTOR MAGNÍFICO DE LA UIMP, PROFESOR DOCTOR D. SALVADOR ORDOÑEZ DELGADO


DISCURSO DEL RECTOR MAGNÍFICO DE LA UIMP, PROFESOR DOCTOR D. SALVADOR ORDOÑEZ DELGADO

Como se acaba de indicar, este Parlamento, y a instancias de su Mesa, aprobó la Resolución: "Conceder a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo la Medalla de Oro con ocasión de celebrarse su septuagésimo quinto aniversario". La Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y yo como su actual representante, recibimos la Medalla de Oro como un honor y un reconocimiento a sus estudiantes, al personal de administración y los servicios, a sus profesores, a los sucesivos equipos rectorales, que han sabido hacer un buen trabajo; desde Ramón Menéndez Pidal, con Pedro Salinas como Secretario General, y Blas Cabrera hasta José Luis García Delgado y Luciano Parejo, pasando por Pérez Bustamante, Pérez Embid, Francisco Ynduráin, Raúl Morodo, Santiago Roldán y aquel que nos arrebató la mayor de nuestras plagas, Ernest Lluch.

En la exposición de motivos, sus señorías reflejaban la vinculación de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, nacida en 1932 como Universidad Internacional de Verano de Santander, con la Comunidad de Cantabria y con su capital Santander. Y cuyos objetivos, no eran otros sino "la extensión cultural, el impulso a la libertad de pensamiento y de cátedra; la inviolabilidad de la conciencia científica y la independencia en la investigación", que encuentran en el Palacio de la Magdalena un espacio de libertad, un ámbito privilegiado para el debate intelectual; un lugar de encuentro para el pensamiento más actual; de reflexión sobre las ideas más creativas de vanguardia". Eso, que convendremos en llamar el "espíritu de la Magdalena".

Ante vosotros, Diputados de este Parlamento nacido de la libre voluntad de los "cántabros", asumimos el firme compromiso de extender el "espíritu de la Magdalena", ese espacio en el que priva la fuerza de la razón, y no la razón de la fuerza, en el que el convencimiento desde la razón prima más que la imposición, en el que nadie puede ser acusado de delitos de pensamiento y libre expresión. Nos comprometemos a extender este espíritu más allá de las fronteras de nuestra querida España.

 

Sucesivamente han ido ocupando las cintas de nuestro escudo varios lemas, expresión de nuestra posición ideológica. En principio fue el lema: "Sapere ande", de Horacio (Epistularum I,2,4o):"Dimidium facti qui coepit habet: sapere ande" (la mitad de la obra tiene quien comienza: atrévete a ser sabio); atrévete a saber, a pensar por tu cuenta, a cultivar tu sentido crítico, etc. A partir de Kant se va a convertir en el lema de la Ilustración. Más tarde se incluye el lema "Vitam Impendere Vero" (Consagrar la vida a la verdad) del poeta satírico romano Juvenal, (Juv. 4,91). Todo ellos, bajo el lema más genérico de todas las Universidades españolas desde la Revolución de 1868, "Libertas perfundet omnia lucce" (La libertad es la base del conocimiento). Frase, mitad evangélica, mitad librepensadora, de Fernando de Castro, Rector de la Universidad Central, por los años 6o del siglo XIX. Lema frecuentemente amputado en nuestro país, eliminando la palabra "libertas", y conservando únicamente el "es la base de la luz (conocimiento)", sobreentendiendo que la base del conocimiento puede ser la propia universidad... cuando la creación del conocimiento es indisociable de la libertad de pensamiento.

Pero además nuestra universidad nació del consenso, del diálogo y la colaboración intergeneracional e interideológica en esta tierra de Cantabria. Con prestigiosos precedentes, en la creación de la Estación Marítima Zoológica Botánica Experimental de Santander por Augusto González de Linares, en palabras de Fernando de los Ríos, "tan genial era, que parecía un hombre del Renacimiento". González de Linares, darwinista, creador de la ILE, era del círculo de amistades "... del doctor D. Enrique Madrazo (1850-1942), del novelista B. Pérez Galdós (1843-1920), santanderino de adopción, del etnólogo L. Hoyos Sainz (1868-1951) o del periodista, radicado también en Santander, José Estrañi (1840-1919), director de El Cantábrico, diario de ideología liberal (Suárez Cortina, 1998, en Madrazo, 1903-1932: 11-73)". La creación de la Casa de Salud de Valdecilla en 1918-19, novedosa y única en su tiempo, regida por un patronato y con amplias funciones: asistencial, docente, investigadora y preventiva. La creación de la Biblioteca Menéndez Pelayo: "... esta biblioteca, obra de mi paciente esfuerzo, única obra mía de la que estoy medianamente satisfecho" decía D. Marcelino, quien según Fernando de los Ríos, "abarcó las cumbres de la cultura"; y posteriormente la Sociedad Menéndez Pelayo que se creó en 1918 a instancias de Miguel Artigas y comenzó la andadura de los cursos de español para extranjeros.

El Palacio de la Magdalena, construido por el Ayuntamiento de Santander y donado al Rey Alfonso XIII y a la Reina Victoria Eugenia, será la sede del proyecto cultural de 1932, "Santander, con un esforzado entusiasmo por las cosas de la cultura, ha conseguido ser centro internacional de estudios hispánicos... A esta fama ha contribuido el gran tesoro que encierra la Biblioteca de Menéndez y Pelayo, la Sociedad de Estudios Literarios, los cursos de extranjeros, que esta Sociedad y la Universidad de Liverpool organizan hace años con éxito universal. [...] De hecho existe en Santander —y a ello no es ajeno el esfuerzo de don Miguel Artigas— un gran centro de estudios literarios. Falta darle solidez y falta localizarla materialmente. Lo primero puede hacerse inmediatamente y existe el organismo capaz de realizarlo con toda solvencia: la Junta de Ampliación de Estudios. Lo segundo puede conseguirse, llegado el caso, con destinar a esa realidad cultural española el palacio de la Magdalena'. Y así fue, el pensamiento del Rey en el exilio fue llevado acabo por un ministro de Instrucción Pública de la República.

Por Decreto de 23 de agosto de 1932 se crea la Universidad Internacional de Verano de Santander, ratificado el 28 de julio de 1933 con fuerza de Ley. Ese verano de 1933, se imparte el primer curso, en torno al Rector Menéndez Pidal y al Secretario General Pedro Salinas, aparecen nombres como Américo Castro, Flores de Lemus, Enrique Moles, Sánchez Albornoz, Xavier Zubiri, Ortega y Gasset, Pi y Suñer...

El 29 de agosto de 1936 se clausura el curso; clausura que tendrá un largo paréntesis de más de una década. Ese mismo año, el 31 de diciembre, en plena guerra, murió en Salamanca don Miguel de Unamuno, "«de mal de España», como diagnosticaría Ortega

y Gasset. Los médicos dirían que había muerto de una congestión cerebral...,"2. Acertado diagnóstico el de Ortega, que había inaugurado con su magisterio el Curso 1933, con seis lecciones sobre: ¿Qué es la técnica? Como Unamuno, muchos de los intelectuales que generosamente compartieron su saber en la aulas de la Magdalena fueron a su modo víctimas del mismo "mal de España"... los exiliados, los desaparecidos, los depurados, los habilitados, los jubilados forzosos,... porque este diálogo y este consenso, este espíritu de la Magdalena tuvo y tiene un precio.

Es el precio por la libertad, por el espíritu crítico y por el consenso y el diálogo. Ese precio lo pagó nuestro llorado Ernest Lluch el 21 de noviembre de 2000. Yo mismo en la inauguración del Curso 2001—2002, decía: "No hace mucho, el terrorismo ciego y antisocial (que) nos llevó a Ernest Lluch, paradigma de universitario y de comprometido hombre de bien, pero también privó a cientos de mujeres, hombres y niños de sus seres más queridos, suscitándonos a todos una profunda repulsa [...] los universitarios españoles hemos sufrido víctimas, pero [...] también hemos actuado de conciencia crítica frente al pensamiento único y hemos sido activos defensores militantes de la justicia, el buen juicio, la tolerancia y la convivencia".

Ese es, al fin, el "espíritu de la Magdalena" y lo que aporta el prestigio del que disfruta la institución dentro y fuera de nuestras fronteras. Permítanme decir, sin hueca vanagloria, que si la UIMP fuese valorada por la calidad de su profesorado (españoles y extranjeros) y por lo logros de sus alumnos, ocuparía un lugar destacado entre las universidades europeas. Un premio Nóbel alemán de Química el Prof. Willstátter (huido a Suiza en 1939) escribía en el año 1933: "La Universidad Internacional de Verano en Santander significa un paso importantísimo y de gran éxito en el entendimiento universal de la Ciencia, causa de colaboración de sabios y estudiantes de todos los países. Me alegro de poder actuar algún tiempo como profesor de la Química fisiológica en el país del venerado Cajal". Esta es la obra que pretendemos continuar con la ayuda de todos ustedes.

Desde mi más profundo agradecimiento para esta tierra cántabra, para sus gentes, para sus dirigentes y para vuestras señorías, que tan dignamente representáis a Cantabria, me gustaría acabar con las palabras gracias, confiad en que no os defraudaremos.


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