Excmo. Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria.
Excma. Sra. Vicepresidenta y miembros del Gobierno.
Excmo. Sr. Consejero de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras del Principado de Asturias.
Excmos. e Ilmos miembros de la Mesa del Parlamento. Diputadas y Diputados.
Excmo. Sr. Delegado del Gobierno.
Excmo. Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.
Excmas. e Ilmas. Autoridades
Excelentísima Corporación Municipal.
Excmo. Sr. Alcalde de Santander:
Para mí supone un honor muy especial, un privilegio, cumplir el acuerdo unánime del Pleno del Parlamento, de entregarle la Medalla de Oro concedida a la Ciudad de Santander con motivo del 250 aniversario de la obtención del título de ciudad. Hablaré más tarde de ello.
Ahora quiero iniciar mi intervención refiriéndome al primer motivo por el que estamos aquí reunidos: Nuestro Estatuto de Autonomía. El 1 de febrero de 1982 entró en vigor la Ley Orgánica que reconocía al pueblo de Cantabria su capacidad de gobernarse a sí mismo. Han pasado ya 24 años y es un buen momento para preguntarnos cómo nos han ido las cosas desde entonces. La Autonomía, ¿ha sido beneficiosa para los ciudadanos y ciudadanas o ha sido perjudicial? Esta es la cuestión. Porque todo Estatuto es antes que nada un instrumento. Para alcanzar cotas de autogobierno superiores, claro está. Para avanzar en el sistema de derechos y libertades. Pero también para mejorar la realidad cotidiana; para que los ciudadanos y las ciudadanas podamos vivir mejor y desarrollarnos mejor como personas.
Recordemos las dudas existentes en el seno de la sociedad cántabra hace 24, 25 y 26 años, cuando nos planteábamos dar el paso autonómico. No faltó oposición, no faltaron críticas, incertidumbres. No faltaron, incluso augurios, de fracaso.
Recordemos aquel largo periodo de debates políticos y sociales, de encuentros y desencuentros, de acuerdos y desacuerdos. Recordemos cómo, al final, el consenso que alumbró la fecha que hoy conmemoramos estuvo precedido de renuncias generosas para que las prioritarias aspiraciones de todos pudieran estar presentes en el acuerdo definitivo.
Recordemos que Cantabria ha reformado ya aquel Estatuto inicial para incorporar a su autogobierno competencias esenciales como educación y sanidad.
Pero la pregunta que me hacía antes era si, después de 24 años, aquel acuerdo nos parece acertado o equivocado.
Aparte de parámetros intangibles, como lo que hemos ganado en identidad, en autoestima colectiva, en cohesión interior, en capacidad de ilusionarnos en un proyecto común, en proyección exterior, para responder a esta pregunta podríamos echar mano de las cosas cuantificables y medibles de la actividad de la sociedad y de las administraciones: por ejemplo, la creación de riqueza, la construcción de carreteras y viviendas, la construcción y dotación de centros educativos, la extensión de la red sanitaria, el número de automóviles, el número de titulados de nuestra Universidad...
Quiero fijar la atención sólo en un dato que me parece esclarecedor. En 1982, trabajábamos en España once millones y medio de personas. Hoy somos más de diecinueve millones. Es decir, el Estado Autonómico ha servido de soporte para que trabajen 8 millones más de personas que hace 24 años.
En Cantabria, en 1982, cuando entró en vigor el Estatuto de Autonomía trabajábamos 162.000 personas. Hoy, somos 244.000. Es decir, 82.000 más que hace 24 años. De los cuales, 13.000 son inmigrantes que están trabajando entre nosotros.
Y en cuanto a la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, los datos son elocuentes: hemos pasado de 45.000 trabajadoras en 1982 a casi 93.000. Es decir, más del doble.
Y es que estos años de actividad empresarial y sindical ininterrumpida, de iniciativas privadas y públicas han dado buen resultado. Ciertamente no han acabado con el desempleo, la precariedad, la desigualdad femenina, pero han dado buenos resultados.
En conjunto, esta actividad, estos niveles de ocupación hacen posible que las distintas administraciones puedan hacer frente cada año a las cuatro grandes necesidades del bienestar ciudadano. Que puedan incrementar el gasto en atención e investigación sanitaria; que puedan apostar por una educación cada vez más generalizada, más gratuita y de mayor calidad. Que puedan seguir subiendo las pensiones. Y, ahora, que podamos estar planteándonos garantizar la asistencia a las personas que no pueden valerse por sí mismas: personas mayores, personas discapacitadas.
Sí. Las autonomías han sido muy beneficiosas para todos: La Constitución y los Estatutos, han sido poderosos instrumentos de progreso. Con la libertad y la democracia que trajo la Constitución hemos ganado en realismo social, en claridad analítica, en rigor económico. Con la descentralización solidaria que trajeron la Constitución y los Estatutos, hemos reducido de forma espectacular las distancias de renta entre unas regiones y otras. Jamás, dentro del antiguo Estado centralista, los distintos territorios de España habían estado tan cohesionados. Jamás los españoles habíamos sido tan iguales.
En este periodo y cada vez con mayor intensidad, por fortuna, un nuevo factor ha venido a sumarse a los grandes impulsos de nuestra propia cohesión territorial y de nuestro propio desarrollo político y económico: Ha sido la Unión Europea. España y Cantabria estamos vinculados, a través de Europa, al gran desafío de la sociedad global, a la construcción de la sociedad del conocimiento y las nuevas tecnologías.
Creo, señoras y señores, que el éxito de la Constitución de 1978 radica no sólo en que impulsó la descentralización política cuya materialización en Cantabria estamos conmemorando hoy. Radica también en que no olvidaba la otra cara de la descentralización: la cooperación institucional, un principio implícito en la propia esencia de la organización territorial del Estado. Sin cooperación, sin suficiente lealtad institucional, sin la necesaria ayuda mutua entre instituciones poniendo los intereses del conjunto de los ciudadanos por encima de cualquier otra consideración, la descentralización por sí misma no habría dado tan excelentes resultados como nos ha producido.
En un mundo como el nuestro, la política es débil frente a la poderosa competencia de los flujos financieros y los poderes mediáticos. La sociedad globalizada ya no permite como antes un gobierno directo, centralizado y jerárquico. En consecuencia, se ha hecho imprescindible una transformación cooperativa del poder. Se ha hecho imprescindible una cooperación institucional cuando se pretende avanzar en la extensión de derechos, en el fortalecimiento de la convivencia pacífica y en un estilo de hacer política cada día más democrático.
¿Qué otra cosa es la idea de la gobernanza, que se ha ido introduciendo en la cultura política de los últimos años? ¿Qué expresa esa idea si no es una nueva manera de gobernar en un escenario en el que los límites de la sociedad son cada vez más imprecisos, más interrelacionados? Organización de las interdependencias, integración, confianza recíproca, señoras y señores, legitimación de las sinergias. Aquí están enumeradas las oportunidades del futuro.
En los últimos meses, nuestra sociedad está asistiendo al debate de la reforma de algunos Estatutos de autonomía, de manera especialmente destacada del Estatuto Catalán. Este último debate se ha vivido no sin cierta zozobra. Sin embargo - así lo hemos defendido siempre nosotros y así lo defendemos hoy con mayor motivo - debemos mantener la confianza, debemos conservar la serenidad: Porque, de manera escrupulosa, la Constitución dejó previstos suficientes mecanismos de seguridad cuando estableció los procedimientos para aprobar o para reformar un Estatuto.
El resultado de este debate, estos acuerdos, serán un referente para todas las comunidades autónomas. Porque está poniéndose de relieve que el marco y el límite de todas las aspiraciones es la Constitución y que lo que no cabe en la Constitución está de sobra. Porque estamos viendo que es posible ampliar el autogobierno dentro de ese marco. Porque estamos viendo que las comunidades autónomas pueden incrementar la autonomía en sus ingresos para llevar a cabo las políticas que sus gobiernos estimen convenientes.
Porque estamos viendo que todo ello puede hacerse manteniendo, incluso incrementando la solidaridad y la cohesión entre todas las regiones y los ciudadanos de España.
Señor Alcalde. Como dije al principio de esta intervención, aprovechamos esta conmemoración de la entrada en vigor de nuestro Estatuto para rendir un homenaje unánime de toda Cantabria a Santander, la ciudad que usted preside como Alcalde.
Sé que esta medalla no es la primera, ni la única que ustedes han recibido a lo largo del periodo de celebraciones del 250 aniversario de la obtención del título de Ciudad. Pero yo, como presidente del Parlamento autónomo, quiero destacar el significado especial que tiene la distinción que hoy le hemos entregado.
En primer lugar, esta medalla es un homenaje de toda Cantabria. Porque el Parlamento es la representación de todo el pueblo de Cantabria. Y porque les ha sido concedida por unanimidad de los tres Grupos Parlamentarios que lo constituimos: El Grupo Parlamentario Popular, el Grupo Parlamentario Socialista, y el Grupo Parlamentario Regionalista.
Es una medalla política, es una medalla especial ¿Qué hemos querido reflejar con esta unanimidad? Está paladinamente descrito en la exposición de motivos del acuerdo plenario que nos ha leído la señora secretaria de este Parlamento y que yo acabo de entregarle en un pergamino para que lo conserven, si lo tienen a bien, en los archivos municipales.
No voy a repetir los motivos. Pero quiero, en cambio, añadir algunas breves consideraciones. Cantabria condecora a Santander reconociendo el papel que Santander ha desempeñado en nuestra historia y en nuestra autonomía.
Reconociendo que ha sido y es la ciudad de referencia de nuestro territorio. Que durante casi 150 años dio nombre a la provincia. Que desde 1982 es la sede estatutaria de nuestras instituciones de autogobierno: la sede del Parlamento autónomo, la sede del Gobierno cántabro, la sede del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.
Que todos los ciudadanos y ciudadanas anteriores a la etapa autonómica, hemos sido santanderinos, señor Alcalde. Que nos han identificado como santanderinos allá donde hemos ido. Que por eso, y por otros muchos motivos, todos los cántabros sentimos un respeto antiguo, un afecto identitario y un orgullo sostenido cuando se trata de Santander.
Desde hace 250 años Santander es oficialmente una ciudad, nuestra ciudad. Y propio es de las ciudades hacer germinar ciudadanía, e irradiar ciudadanía. Santander ha cumplido sobradamente esa función a lo largo de su historia sobre el resto del territorio de Cantabria. Ha sido y es nudo de comunicación, conglomerado de relaciones humanas, laboratorio de sociabilidad, plataforma de modernización.
Santander ha impulsado el desarrollo de nuestro territorio. Ha impulsado el comercio y la industria. De Santander, como de toda ciudad, han venido las innovaciones. Su puerto ha irradiado y seguirá irradiando actividad, riqueza y progreso. Su puerto ha sido una lanzadera histórica de relaciones nacionales, internacionales e incluso intercontinentales. Santander nos ha colocado en el escenario del mundo moderno. De esta ciudad, elegida por la sociedad como centro de los más importantes servicios - universitarios, financieros, sanitarios, religiosos – estamos todos muy orgullosos.
En las puertas de las murallas de algunas ciudades medievales del centro de Europa estaba escrito el siguiente letrero: “Los aires de la ciudad os harán libres”. Era algo más que un saludo o que un reclamo para muchos siervos de la gleba, para los rebeldes que no tenían cabida en la estricta pirámide social.
Sr. Alcalde, Corporación de Santander. Ustedes lo saben mejor que nadie. La ciudad que ustedes representan ha ayudado a que muchas personas que han llegado y llegan a esta ciudad se sientan más libres y más acogidas, porque han encontrado aquí trabajo, oportunidades, nuevos horizontes.
Termino, señores. El próximo año, tal día como hoy, nuestro Estatuto de Autonomía cumplirá 25 años. Una cifra redonda que yo les invito a todos ustedes y a toda la sociedad cántabra a preparar con el mismo entusiasmo colectivo con el que conmemoramos el 25 Aniversario de la Constitución a comienzos de esta Legislatura.
Como en aquella ocasión, nos proponemos convocar a todas las instituciones y a toda la sociedad civil para que participen desde el primer momento, proponiendo ideas significativas. Iniciativas que sirvan para poner en valor los éxitos conseguidos, para reflexionar sobre los errores y para hablar del futuro.
Sigamos aprovechando, desde las instituciones, las ocasiones que nos ofrecen estos eventos para continuar haciendo pedagogía política, extensión de cultura ciudadana, fomento de conciencia democrática.
Ese es el camino para que los ciudadanos – sobre todo los más jóvenes- sepan valorar los beneficios que a todos nos han aportado la democracia y la autonomía: Grandes beneficios materiales y un espectacular aumento del bienestar.
Pero, por encima de todo, esa impagable satisfacción íntima de comprobar cada día que somos ciudadanos y ciudadanas libres, y que tenemos nuestro destino en nuestras propias manos.
Nada más y muchas gracias a todos.