Discurso del Excmo. Sr. Alcalde de Santander |  |
INTERVENCIÓN DEL ALCALDE DE SANTANDER.
CONCESIÓN DE LA MEDALLA DE ORO DEL PARLAMENTO DE CANTABRIA A LA CIUDAD DE SANTANDER CON MOTIVO DE SU 250 ANIVERSARIO
(1 de febrero de 2006)
Excmo. Sr. Presidente del Parlamento de Cantabria
Excmo. Sr. Presidente del Gobierno
Excmas e Ilmas. Autoridades y Personalidades
Compañeras y compañeros de Corporación,
Señoras y Señores:
En nombre del Excmo. Ayuntamiento de Santander, de su Corporación Municipal cuya presidencia me honro en ostentar, y de la ciudad de Santander a la cual represento, quiero agradecer a todos los grupos políticos componentes de esta cámara la concesión, por unanimidad, de la Medalla de Oro del Parlamento, al cumplirse 250 años de la decisión regia de su majestad Fernando VI, de convertir a Santander en ciudad.
Con el acto de entrega de esta distinción, que hoy se materializa, se rubrica de una forma brillante, a la vez que simbólica, lo que ha significado para Santander y sus habitantes la conmemoración de un hecho tan importante en su historia -quizás el más trascendental desde el otorgamiento del fuero de la villa en el año 1.187- como fue la elevación a la categoría de ciudad, de la que hasta entonces había venido desarrollando sus funciones político-administrativas, como una más entre las muchas villas diseminadas por Cantabria.
Como consecuencia de ello, en el año 1816 se reconoció la importancia política de una ciudad ya en pleno desarrollo, concediéndole la cualidad de capital de la entonces provincia de Santander, como se denominaba oficialmente al territorio que también era conocido por la Montaña, el mismo que ahora recibe la denominación de Cantabria.
Aquella denominación, que fácilmente inducía a la confusión entre la capital y la provincia, se mantuvo hasta que en el año 1982 entró en vigor el Estatuto de la Comunidad Autónoma de Cantabria, pasando la ciudad de Santander a ser lo que históricamente venía siendo: la capital, en este caso de la comunidad, y que hoy, precisamente, y permítanme que nos felicitemos todos, cumple 24 años.
La diferencia onomástica entre Santander y Cantabria fue aceptada, fundamentalmente, con el ánimo de poder evitar cualquier error que pudiera ir en detrimento de los demás habitantes de la región, comúnmente considerados también como santanderinos.
La generosidad de Santander y su voluntad autonómica condujo a su primera corporación municipal democrática a pedir, en el primer pleno celebrado, la autonomía para Cantabria, una decisión que tanto y tan decisivamente contribuyó en su día a lograr constituirnos en región uniprovincial dotada de personalidad propia.
Una personalidad que nos ha permitido llegar a importantes cotas de autogobierno y que ha servido, sobre todo, para que se reconozcan los rasgos singulares de un carácter y una idiosincrasia respaldados por varios miles de años de historia y surgido después de un sinfín de vicisitudes que han ido configurando la imagen del cántabro y de su entorno, tan decisivo éste último a la hora de consolidar una forma de ser diferenciada que, dentro de España, es reconocida y respetada.
Pero fue sin duda, la presencia y el desarrollo socio-económico de Cantabria, lo que respaldó a partir del año 1755 el inicio de una relación de la ciudad con el resto de las aldeas, pueblos y villas de nuestra región que veían en la actividad fabril de su puerto, el porvenir para sus propios enclaves, el punto de partida para la emigración de unas gentes que no podían sostenerse con lo que producían sus tierras, y el punto de llegada obligado en la repatriación de los capitales obtenidos en las tierras de ultramar, así como la creación de los puestos de trabajo que fomentó la multiplicación inmediata de la población asentada en Santander.
Desde hace 250 años, Santander ha supuesto para el resto de la provincia un símbolo de prosperidad y un sinónimo de mejora de las condiciones de vida, sin que por ello hubiera de renunciarse a costumbres y tradiciones, ni tampoco al ritmo que marca la vida provinciana.
Una vida que ha quedado reflejada, como en ningún otro lugar, en la narrativa de nuestro primer novelista, Don José María de Pereda, a quien hemos de tomar como ejemplo porque simboliza la unión entre la procedencia rural y la existencia ciudadana.
Y no viene a colación esta cita solamente porque nos hallemos dentro del centenario de su fallecimiento, sino porque él, mejor que nadie, representa la tendencia observada a sumar lo rural con lo urbano; a amar todos los rincones de la provincia, dedicando una especial atención a la ciudad donde residiera desde la edad de diez años hasta el día de su fallecimiento, en 1906.
Como contrapartida del interés despertado por la capital ante el resto de la provincia, se encuentra la generosidad con la que han sido acogidas desde siempre aquellas personas que por razones de infortunio, por deseos de mejorar socialmente o, simplemente, como consecuencia de su búsqueda de un mejor clima bajo el cual poder desarrollar sus energías o su espíritu creativo, creían ver en Santander el rompeolas de todas las “Cantabrias”, de la misma manera que a Madrid se le ha adjudicado la cualidad de rompeolas de toda España.
Se construyó así una mentalidad, siempre abierta a todos los horizontes de progreso, que es la que ha facilitado la consideración de ciudad cosmopolita que tanta aceptación ha obtenido a nivel internacional, y en la que debemos trabajar siempre, no sólo para que no se pierda, sino para que desarrolle todo el caudal de energías que sus habitantes producen.
Precisamente, esa apertura hacia el interior y exterior convierten a la capital de Cantabria en una ciudad que multiplica a diario su población de hecho con respecto a la de derecho.
No es un caso de ahora, propio de la movilidad de nuestros tiempos y de la condición turística y cultural adquirida por Santander; sino que ya en la época del viajero inglés George Borrow, en los años 30 del siglo XIX, el intenso tráfico que se producía alrededor del puerto, hacía pensar que se movían sesenta mil personas, donde solamente estaban empadronados quince mil.
Esa imagen, moderna y fluctuante de nuestra ciudad, trae como consecuencia una servidumbre que con mucho gusto sobrellevamos todos los que en ella residimos, y que consiste fundamentalmente en abastecer de servicios e infraestructuras a aquellas personas que utilizan la ciudad solamente para sus ocupaciones laborales, para sus gestiones político-administrativas, para sus atenciones médico-sanitarias, para su recreo vacacional o para aumentar su acervo cultural.
Esto que he llamado una servidumbre -honrosa servidumbre, por supuesto- contribuye a una mejora de la calidad de vida de los habitantes de gran parte de Cantabria, pero por ello, debe ser considerada esta condición preferente de capital de la comunidad autónoma con una visión presupuestaria acorde con el papel que históricamente ha desempeñado y está llamada a desempeñar.
En estos tiempos, en los que la reforma de los Estatutos de Autonomía centra gran parte de la actividad política de nuestro país, no solo Santander, sino el conjunto de Ayuntamientos, deberían alzar sus voces, para dejar de ser los grandes olvidados siempre, dentro del desarrollo del mandato constitucional.
Como responsables municipales no es justo que los Ayuntamientos vuelvan a ser de nuevo los perjudicados y carece de lógica que se estén abordando reformas autonómicas y modelos financieros, cuando está pendiente la resolución de una deuda histórica con todos los Ayuntamientos.
Cada día más, es urgente que los Ayuntamientos sean instituciones fuertes y no de segunda, permanentemente dependientes del poder autonómico.
Es necesario, que transcurridos 25 años desde la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos, se reconozca el papel determinante y fundamental que han desempeñado, pues difícilmente podría entenderse el proceso modernizador de nuestro país, sin comprender el esfuerzo que han hecho todos sus ayuntamientos, grandes y pequeños.
Un esfuerzo que puede ejemplarizarse con datos de la propia FEMP, según los cuales un 26,7 por ciento del gasto total de los Ayuntamientos se corresponde a gastos por la prestación de servicios y el ejercicio de funciones de sustitución de otros poderes públicos, en una proporción por habitante y año de 227 €.
Es decir, a servicios que prestan los Ayuntamientos, sin que se tengan competencias para ello, más allá de las morales, sin financiación por parte del resto de las Administraciones y por tanto, a costa de otros servicios que sí ha de ofrecer un municipio.
Yo estoy seguro que ni el Ayuntamiento de Santander, ni cualquier otro de Cantabria o de España, habrá dejado nunca de satisfacer, o al menos intentarlo, las necesidades de sus vecinos por considerar que se trataba de una competencia que le era ajena.
Por eso cuando reivindicamos, y por cierto de manera unánime, desde todos los Ayuntamientos, sin distinción de signo político y fundamentalmente a través de su mas importante organismo unificador que es la Federación Española de Municipios y Provincias; no lo hacemos por capricho, lo hacemos con la convicción de que es de justicia que se reconozca nuestra labor, y que de ceñirse la prestación de nuestros servicios a las cotas que establece la ley, para delimitar las competencias municipales, se provocaría la paralización de los servicios más elementales que reciben los ciudadanos.
Un situación tan injusta que queda patente en el hecho de que, mientras en los últimos 20 años el gasto público en las Comunidades Autónomas, se ha multiplicado por ocho, sobrepasando el 40 por ciento del total del Estado; en los Ayuntamientos permanece inamovible en el 13 por ciento, aún cuando han ido creciendo las funciones y servicios que prestan.
Mi compromiso pues, como máximo representante de la Corporación Santanderina, es seguir apostando por la defensa del municipalismo, reclamando competencias y financiación adecuada para su desarrollo, sabedores además de que los Ayuntamientos son las instituciones que más contribuyen a la cohesión de toda España, porque por encima de ideologías y signos políticos, comparten problemas y sobre todo un objetivo, que es servir de cerca al conjunto de los ciudadanos.
Alcanzar de manera definitiva la segunda descentralización, creo que ha de ser un objetivo común, en el que se sumen las voluntades no solo de todos los partidos políticos, sino de las administraciones implicadas, pues con ello, se estaría corrigiendo el desequilibrio histórico y enmendando la injusticia que padecen hoy los Ayuntamientos.
Distintas comunidades autónomas han avanzando ya mucho en el desarrollo del pacto local, y esta casa, en la que reside la Soberanía Popular, es el lugar idóneo para, presididos por el consenso, iniciar el camino hacia el verdadero municipalismo no sólo para la ciudad de Santander, sino para todos los Ayuntamientos de la comunidad autónoma de Cantabria.
Un proceso que no puede quedarse atrás en el camino hacia la descentralización y que esta llamado a ser irreversible en un futuro no muy lejano.
Sr. Presidente del Parlamento, la medalla de oro del Parlamento, máxima representación política de todos los cántabros, es un altísimo reconocimiento de lo que ha significado la ciudad de Santander en el desarrollo de toda la provincia, y bien puede ser, al mismo tiempo, un implícito referente para el desarrollo futuro y siempre transformador de la vieja e histórica villa de San Emeterio y San Celedonio.
Muchas gracias, señoras y señores diputados, por este galardón que ahora recibe la ciudad de Santander y que, muy gustosamente, sumamos a los múltiples reconocimientos obtenidos a lo largo de un año, procedentes de las más variadas instituciones y colectivos: desde las dos Universidades, la de Cantabria y la Internacional Menéndez Pelayo, hasta las asociaciones de vecinos de la ciudad, pasando por instituciones financieras, la Federación Cántabra de Municipios, el FIS, la ONCE, la Asociación de la Prensa, otras asociaciones de profesionales de todos los sectores y empresariales, hasta alcanzar las más de 70 distinciones y que hacen que este 250 aniversario haya sido algo más que el recuerdo de una efeméride.
Porque esta celebración ha sido, en definitiva, el reencuentro con el pasado de Santander, tan necesario para poder caminar con seguridad por la senda que el futuro nos señale.
Diputadas y diputados del Parlamento de Cantabria, representantes de la Soberanía Popular, señoras y señores, muchas gracias por esta distinción a la Muy Noble, Siempre Leal, Decidida, Siempre Benéfica y Excelentísima, Ciudad de Santander.