Discurso del Obispo de Santander |  |
Excmo. Sr. Presidente del Parlamento de Cantabria,
Excmo. Sr. Delegado del Gobierno,
Excmo. Sr. Alcalde de Santander,
Excma. Sra. Vicepresidenta del Gobierno de Cantabria,
Excelentísimas e ilustrísimas autoridades,
Señoras y Señores:
La gratitud es uno de los sentimientos más nobles y hermosos que pueden brotar del corazón humano.
Esta tarde, me cabe el honor de expresar, en nombre de la Diócesis de Santander mi sincera gratitud por la extraordinaria distinción que el Parlamento de Cantabria, por unanimidad, le concede con motivo de los 250 años de su creación.
Deseo felicitar, en este momento al Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, tan querido por nosotros, con quienes compartimos esta concesión de la medalla de oro del Parlamento de Cantabria.
La Diócesis de Santander, a la que represento, es una comunidad de fieles cristianos e instituciones que incluye, desde la persona que con cariño barre la más pequeña de nuestras numerosas iglesias hasta la que, con diligencia, guarda los documentos en nuestros archivos; desde los sencillos y entregados catequistas hasta los que atienden con dedicación y ternura a los pobres y necesitados; desde los que oran en el silencio de los monasterios hasta los cristianos comprometidos que trabajan, junto con otras personas de buena voluntad, en la construcción de un mundo más justo y más humano; desde los sacerdotes que sirven a nuestras más de seiscientas parroquias hasta los religiosos y religiosas que están presentes en el campo de la educación, la salud y la ancianidad. A todos ellos va dedicado este reconocimiento y en nombre de todos ellos les doy mis más efusivas gracias.
Pero además de todos los que en el presente formamos esta Diócesis, reconozco que la entrega de la medalla del Parlamento de Cantabria, quiere recordar a todos los que han trabajado en la Diócesis en el pasado desde su creación en 1754, cuyas obras e iniciativas, trabajos y proyectos nos han dejado una herencia preciosa de fe, cultura y solidaridad.
Muchas gracias, Señor Presidente del Parlamento y señores parlamentarios de Cantabria, por esta distinción que nos entregan. No les quepa la menor duda de que es para nosotros no sólo una satisfacción, sino también un estímulo para continuar sirviendo a nuestro pueblo con entrega y generosidad. Aunque nos encontramos en una etapa nueva de la historia, en la que tenemos que aprender a vivir con otras claves culturales y sociales, desde nuestra identidad, confío que sabremos seguir dando esos frutos que ustedes han valorado en sus intervenciones, bebiendo el agua siempre fresca que brota del Evangelio de Jesucristo que es el fundamento de nuestra Iglesia Diocesana.
Los mejores frutos que ha producido y produce esta Diócesis pienso que no han quedado sólo entre nosotros. De nuestra Iglesia Diocesana han salido numerosos misioneros –unos doscientos en la actualidad– que, junto con el mensaje del Evangelio y su servicio, muchas veces heroico, llevan el nombre de Cantabria por todo el mundo, como embajadores de amor. Su recuerdo en este acto me parece del todo justo.
Esta solemne celebración del vigésimo tercer aniversario de nuestro Estatuto de Autonomía pone de manifiesto que la buena relación entre las instituciones, ayuda al crecimiento armónico de la sociedad. Una diócesis es siempre la Iglesia en un lugar concreto. En nombre de esta Iglesia que vive y sirve en Cantabria, ofreciendo una colaboración leal y generosa, quiero decirles a todos ¡muchas gracias!
José Vilaplana, Obispo de Santander.