Discurso del Excmo. Sr. Presidente del Parlamento de Cantabria |  |
Excmo. Sr. Presidente del Gobierno
Excmo. Sr. Delegado del Gobierno
Excmo. Sr. Presidente del T.S.J.C.
Excmas. e Ilmas. Autoridades
Sras. y Sres.
Todavía resuenan en este espacio los actos del 25 Aniversario de la Constitución, cuando volvemos a reunirnos para celebrar, esta vez, el 22 aniversario de nuestro Estatuto.
Los dos acontecimientos están estrechamente vinculados: Nuestro Estado Democrático es, simultáneamente, un Estado Autonómico.
Los constituyentes sabían que la España democrática requiere el reconocimiento de su pluralidad territorial. Que no habría una democracia satisfactoria, si no reconocía la capacidad de autogobierno de las distintas regiones de nuestra Nación.
La separación clásica de poderes, la que se remonta a Montesquieu y es propia de toda democracia moderna, tiene un esquema vertical: El legislativo, el ejecutivo y el judicial. El esquema de la Constitución española completó aquel reparto clásico de los poderes del Estado, con otro horizontal: Distribuyó los poderes entre el Estado Central y las Comunidades Autónomas.
Los 25 años de democracia han sido un proceso permanente de construcción autonómica, de traspaso de competencias del Estado a las Comunidades.
También a nuestra Comunidad de Cantabria.
No fue una tarea fácil.
No lo está siendo.
Han sido necesarias grandes dosis de valor, tesón, prudencia, responsabilidad y capacidad de diálogo por parte de la inmensa mayoría de los españoles.
Si volvemos al esquema de Montesquieu, podemos decir que se han traspasado las competencias de los poderes ejecutivo y legislativo.
Respecto al judicial, queda por hacer ese traspaso, y queda pendiente de desarrollar la organización de Tribunales Superiores de Justicia, de acuerdo a lo establecido en la Constitución.
Y quiero señalarlo, porque en celebraciones como ésta de hoy, no sólo debemos ejercitar la memoria histórica colectiva y congratularnos por éxitos obtenidos, sino que debemos apuntar los retos que nuestra Comunidad tiene aún pendientes.
Del camino recorrido, tenemos motivos suficientes para sentirnos satisfechos. Los españoles, los cántabros de hace dos décadas fuimos valientes e innovadores.
Recordaré algunos de aquellos hitos ya consolidados:
- Si la democracia es tanto más útil cuanto más aproxima a la persona concreta la capacidad de decidir, es innegable que España ha descentralizado el gasto público a niveles semejantes a un Estado Federal. El Gobierno Central administra el 50% del gasto público. Corresponde el 35% a la Comunidad Autónoma y el 15% a los Ayuntamientos.
- Cantabria puede sentirse orgullosa de los niveles competenciales conseguidos, impensables hace 22 años.
- Cantabria es hoy una sociedad dinámica, abierta y moderna.
- Con un sistema social que ha universalizado la enseñanza, la sanidad y las pensiones básicas.
Los cántabros somos un pueblo vivo y solidario, que ama la libertad, que trabaja por el progreso.
- Hace también 25 años, están trabajando, próximos a los ciudadanos, nuestros ayuntamientos democráticos.
Retos para el futuro.
Pero, como decía, debemos apuntar también a los retos pendientes. Los logros conseguidos no pueden impedirnos ver los problemas que preocupan a los ciudadanos. Esos problemas son los retos que debemos abordar. De todo ello es oportuno hablar también hoy.
La celebración del 22 aniversario de nuestro Estatuto de Autonomía coincide con un momento político específico: Los problemas, las tensiones territoriales, han vuelto a ocupar el centro del debate político. De nuevo, es de España, de lo que se habla. De su articulación como nación; de su desarrollo autonómico; de su integración desde nacionalismos diversos e incluso antagónicos.
Este debate, querámoslo o no, forma parte del núcleo central de la política española en estos días.
Pues bien, la España que los cántabros queremos es la España de la Constitución: La consagrada allí como patria común e indivisible de los españoles. La España plural, que no sólo es consciente y respetuosa con su diversidad, sino que se siente legítimamente orgullosa de esa pluralidad.
España es historia compartida.
España es diversidad de culturas.
España es la variedad de sus territorios.
España es la diferencia y unidad de lenguas.
España es una inmensa oportunidad para construir con el esfuerzo y la solidaridad de todos un futuro mejor, un país más amable y una Patria más acogedora.
Los cántabros somos patriotas constitucionales de esa España.
Patriotas de una España como Estado consolidado, y como proyecto histórico de futuro que se desarrolla a si mismo desarrollando la Constitución y ejercitando cada día la convivencia en el marco de nuestro Estatuto.
Nuestro Estado no puede ser modificado sin la voluntad de las instituciones autonómicas y de las Cortes Generales.
Desde hace 25 años hemos aprendido a través de la práctica que el diálogo y el acuerdo son los únicos modos de avanzar con buen rumbo.
Por eso rechazamos el Plan Ibarretxe, que no es fruto del diálogo ni del acuerdo. Porque es una propuesta unilateral, excluyente y rompedora del Pacto autonómico.
Señoras y señores: En el camino que tenemos que recorrer juntos todos los españoles, nuestra Comunidad Autónoma puede y debe contribuir a la formación de una voluntad nacional apropiada a nuestro tiempo. Y debe hacerlo, pienso yo, al menos sobre los tres grandes retos que se dibujan para el futuro más inmediato:
- Primer reto: La construcción de Europa.
- Segundo reto: La propia cohesión de España. Y
- Tercer reto: El impulso a los derechos de ciudadanía.
La construcción de Europa.
Cantabria, con España, no puede quedarse al margen de la aprobación de la Constitución Europea, ni de los problemas que genera la ampliación de Estados miembros.
Cantabria, con España, debe identificarse con el objetivo de formar parte del núcleo central de la Unión Europea, de su núcleo de dirección.
Cantabria, con España, debe contribuir a que ese gran espacio geográfico y económico de Europa se sustente sobre los principios de libertad, seguridad, justicia e igualdad.
Nuestro reto europeo es contribuir a que esa gran potencia democrática que estamos alumbrando sea un instrumento de cohesión que extienda al mundo entero los valores de la paz, del respeto al medio ambiente. De un orden internacional más justo y equitativo.
Cantabria, con España, tiene que impulsar una presencia de las CCAA en la Unión Europea, más coherente con el reparto competencial de nuestro país.
Finalmente, Cantabria, con España, tiene que conseguir que la solidaridad europea hacia los territorios de montaña sea incorporada a la futura Constitución.
El segundo reto al que nos enfrentamos es la cohesión de España
La Constitución concibió las Comunidades Autónomas como procesos abiertos a la evolución y al pacto político; es decir al desarrollo constitucional.
En estos 25 años de democracia, las CC.AA han aumentado su capacidad de gobierno, de gasto y de representación política. Pero no han incrementado lo suficiente las relaciones de cooperación entre Autonomías; no se han desarrollado del todo las relaciones de cooperación de las CC.AA. con los Ayuntamientos; no ha aumentado adecuadamente la cooperación de las CC.AA. con el Estado.
Si estamos todos de acuerdo en que mejorar nuestros problemas de cohesión es un reto irrenunciable, tendremos que implicar en este reto a todas las instituciones del Estado.
Por ejemplo, hacer del Senado una Cámara de representación territorial, tal y como establece la Constitución, puede dar a la España plural la posibilidad de expresarse en el esplendor magnífico de esa pluralidad. Cantabria tiene mucho que aportar y mucho que recibir en ese concierto plural.
Contribuiría a profundizar en la unidad nacional desde la riqueza de la diversidad, instituir ámbitos para el encuentro y el debate de todos los gobiernos territoriales, más allá de las Conferencias Sectoriales, donde las regiones pequeñas como la nuestra participen con las demás en pie de igualdad.
No debemos olvidar tampoco que la política territorial debe dar respuesta a los nuevos horizontes de la autonomía local y su financiación. La apuesta por los ciudadanos y las áreas de influencia urbana; por la convergencia entre los grandes y los pequeños municipios y por el desarrollo rural también son instrumentos de cohesión.
En definitiva, el Estado de las Autonomías debe funcionar con criterios de solidaridad y cooperación interterritorial para garantizar que todos los españoles, con independencia del lugar en el que residan, puedan recibir los mismos servicios y prestaciones públicas y gocen de un nivel similar de calidad de vida.
El impulso de los derechos de la ciudadanía
Por último, el tercer reto al que quiero referirme es el impulso a los derechos de ciudadanía, la protección de las necesidades sociales básicas.
En otras palabras, el mero hecho de ser ciudadano en el siglo XXI debería implicar que está garantizado el disfrute de la sanidad, la educación, los servicios de atención a la familia, la protección social, las infraestructuras, las comunicaciones, la vivienda y la seguridad.
Esta ciudadanía de última generación es una ambición que en la España autonómica y en Europa del nuevo siglo puede ir más allá del terreno de las utopías.
Por el momento, ni en Cantabria, ni en España, ni en toda Europa, - mucho menos en el resto del mundo - están garantizados aún los derechos básicos, reclamados en los últimos años y que se han extendido a situaciones de tanta necesidad como el empleo y la protección de personas dependientes.
Por el momento, el reto urgente que se nos presenta en Cantabria con el ejercicio de nuestras competencias es acercar nuestra posición de bienestar respecto a la media de la Unión Europea.
Pero debemos ser ambiciosos y no perder el horizonte de avanzar impulsando los derechos de ciudadanía como expresión de nuestro esfuerzo y de nuestro progreso y como resultado de la acción del Gobierno de nuestra Comunidad.
Finalizo ya, señoras y señores. Estos retos que Cantabria tiene en el horizonte, (la construcción de Europa, la cohesión de España y el impulso de los derechos de ciudadanía) son desafíos que reclaman para hoy y para mañana la misma valentía, la misma decisión que nos impulsó hace 22 años a pedir y a conseguir la autonomía para Cantabria.
Si entonces fuimos valientes y atrevidos, con más razón tenemos que serlo ahora. La autonomía nos hace responsables. Pone en nuestras propias manos nuestros recursos, nuestros proyectos y nuestras ambiciones. La autonomía nos hace más ciudadanos. La autonomía nos hace más libres.
Nada más y muchas gracias.