DISCURSO DEL EXCMO. SR. PRESIDENTE DEL PARLAMENTO DE CANTABRIA, D. MIGUEL ANGEL PALACIO


“Cantabria, como comunidad histórica perfectamente definida dentro de España; haciendo uso del derecho a la autonomía que la Constitución reconoce en su Título VIII; en base a las decisiones de la Diputación provincial y de sus Ayuntamientos, libres y democráticamente expresadas, manifiesta su voluntad de constituirse en Comunidad Autónoma de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 143 de la Constitución”.

Éste es el primer párrafo de nuestro Estatuto, que cumple hoy 25 años. He querido leerlo, porque en él se condensan los orígenes de nuestra autonomía:

§         La Constitución.

§         La voluntad de las instituciones representativas.

§         El protagonismo de los ayuntamientos.

§         El sustrato histórico de nuestra comunidad.

Es justo recordar esos orígenes, hoy, cuando vemos realizado aquel proyecto. Cuando la región tiene un nivel de autogobierno nunca antes imaginado. Cuando los ciudadanos y ciudadanas de Cantabria han visto aumentados sus niveles de bienestar, de riqueza, de derechos. Cuando hemos superado o estamos superando la mayoría de nuestros grandes problemas históricos.

Tres grandes decisiones nos han servido para construir el momento presente: La Constitución, el Estatuto y la integración en Europa. Tres instrumentos inmateriales, intangibles, pero muy poderosos. Muy definitivos.

Con ellos hemos podido edificarnuestra propia cohesión social, construir la identificación con nosotros mismos y participar con optimismo en un ambicioso proyecto común de 27 países europeos, de quinientos millones de ciudadanos.

No han sido 25 años fáciles. No fueron sencillos los orígenes de la Autonomía, como tampoco lo fueron los orígenes de la Constitución. Como tampoco lo está siendo la construcción de Europa. Y es que, señoras y señores, amigos y amigas, estamos hablando de grandes objetivos políticos que, para lograrlos, se necesita algo más que recursos materiales y esfuerzos físicos, se necesita algo más que tecnología e inversiones económicas. Estamos hablando de objetivos que se alcanzan solamente con la paciencia del diálogo, con la voluntad del acuerdo, con el ejercicio de convencer y dejarse convencer... En definitiva, se consiguen a través de la persuasión y del uso de los mejores argumentos.

Pero, aunque sea más difícil y costoso, este es el camino por el que la humanidad llega a sus metas más sólidas.

Nosotros nacimos a la Constitución y a la Autonomía con la esperanza de superar un oscuro período de la historia, con la ambición de incorporarnos al modo de vida, a los estándares de los países de nuestro entorno. Queríamos parecernos a Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña, los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque veíamos a los ciudadanos de aquellos países organizar su convivencia política en paz y en libertad. Porque veíamos que sólo les gobernaban sus representantes políticos, libremente elegidos.

Si alguien nos preguntara hoy a los españoles, a las españolas, a qué país nos gustaría parecernos en este comienzo del siglo XXI, quizá no encontrara respuesta. Porque hoy es al revés. Hoy son muchos los países del mundo que quisieran parecerse a España. Hoy son muchas las regiones del mundo que quisieran nuestros niveles de autogobierno.

Hoy nosotros podríamos repetir aquellas hermosas palabras que pronunció Pericles hace 2.500 años: “Tenemos una Constitución que muchos quisieran para sí. Con ella, se gobierna en interés de la mayoría. Con ella, los ciudadanos son iguales ante la ley. Gobernamos con libertad. Respetamos al Gobierno. Acatamos las leyes. Celebramos juegos y fiestas. Tenemos hermosas viviendas. Entran en Atenas cada día barcos con productos del mundo entero... Se llama democracia...”

 

En cuanto a Europa, llevamos 20 años participando de su crecimiento económico, de su cohesión social y territorial. Pero la tarea no ha terminado. Necesitamos la Unión Europea para garantizar la paz en el interior de un continente cuyo pasado fue siempre de guerra; para ayudar a construir condiciones de paz en todos los lugares del mundo.

Necesitamos la Unión Europea para seguir creando riqueza con la mirada puesta en las generaciones futuras. Necesitamos la Unión Europea como un referente para combatir la pobreza, la marginación y las desigualdades. Como un referente de los derechos humanos.

 

Señora ministra, señor presidente, señoras y señores. Quienes mejor interpretan las posibilidades de la Constitución y del Estatuto lo mismo que sus limitaciones son quienes han ido a la escuela, al instituto, a la universidad bajo su ordenamiento. Esos son los que mejor acaban descubriendo cuáles son las utilidades y las limitaciones más profundas que contienen y, por consiguiente, los retos que deben afrontar.

La generación del Estatuto tiene el futuro abierto. Tiene en el Estatuto un nuevo punto de partida para afrontar los grandes desafíos de este nuevo siglo.

Para ampliar nuevos horizontes de autonomía local. Para profundizar en los instrumentos de cohesión. Para impulsar los derechos de ciudadanía y la protección de las necesidades sociales básicas. Para profundizar en la igualdad y el bienestar de todos. Para conseguir un territorio competitivo y cohesionado. Un territorio, soporte de una sociedad viva, activa, capaz de participar con protagonismo en las mejores estrategias que se apuntan para el siglo XXI.

Si hace 25 años los ciudadanos y ciudadanas de Cantabria fuimos valientes y atrevidos para emprender el camino de la autonomía uniprovincial, con más razón hemos de serlo ahora. La autonomía nos hace responsables. Pone en nuestras propias manos nuestros recursos, nuestros proyectos y nuestras ambiciones. Nos hace más ciudadanos. Nos hace más libres.

 

Señora ministra de Educación, señor Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

El 25 Aniversario de la Autonomía de Cantabria ha coincidido con otra fecha memorable: el 75 aniversario de la Universidad Internacional, que tiene su sede en el Palacio de la Magdalena de Santander.

La Universidad de Fernando de los Ríos materializaba hace 75 años las ambiciones pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. La ampliación de estudios, la extensión cultural, la libertad de pensamiento, la libertad de cátedra; la inviolabilidad de la conciencia científica, la independencia en la investigación.

 

Unas ambiciones de modernidad y de homologación con las mejores tendencias europeas, concebidas para toda la sociedad española.

Lo decía la resolución que aprobó por unanimidad este Parlamento. La UIMP, incluso durante las largas décadas de la dictadura, atrajo a Santander y a Cantabria a los más importantes pensadores, científicos y creadores de nuestros tiempos. Siempre, pues, ha vinculado a nuestra Comunidad, con la comunidad internacional del pensamiento; con la sociedad del conocimiento, con lo más humano en definitiva que posee la humanidad.

Por eso, señora Ministra, acepte usted nuestra gratitud. El Gobierno de España ha mantenido durante 75 años en Cantabria y en su capital, esta auténtica joya que es la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de la que España puede estar orgullosa. Cantabria está no sólo orgullosa. También está muy agradecida. En su nombre, enhorabuena. En su nombre, gracias.



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