Discurso del Excmo. Sr. Presidente del Parlamento de Cantabria


Excelentísimo señor Presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria.

Excelentísimo señor Delegado del Gobierno.

Excelentísimo señor Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades.

Señoras y señores.

¡Libertad, Justicia, Igualdad y Pluralismo político¡

Estos supremos valores vuelven a resonar hoy de nuevo con fuerza en todo el territorio de España.

Son los valores superiores de la Constitución de 1978, que un año más nos congrega a los españoles.

Algunos se preguntan: ¿No es tiempo ya, después de tantos años, de abandonar esta conmemoración? ¿No está ya la Constitución plenamente integrada en la sociedad como algo habitual? ¿Por qué seguir insistiendo todos los años en conmemorar la aprobación de una ley por importante que ésta sea?

La respuesta es evidente: Esta no es una ley más. Es la ley de leyes. La libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político son sus vigas maestras, las que sostienen la cúpula del edificio entero. Son los cuatro pilares básicos de nuestro ordenamiento jurídico, en el que se entrelazan las reglas de nuestra convivencia.

Celebrando la Constitución, nos celebramos a nosotros mismos: Lo que somos y lo que aspiramos a ser. Celebramos la convivencia que entre todos hemos construidos a través de los valores constitucionales. Ahora bien, si ni siquiera la Naturaleza es inmutable, ninguna creación humana está garantizada de por vida. La democracia se construye cada día, se valora cada día, se protege cada día y se celebra cada día.

Porque muchas asignaturas que creíamos ya definitivamente aprobadas, reaparecen de cuando en cuando y desafían nuestra cómoda normalidad: Por ejemplo, las cuestiones que se refieren a la identidad.

Muchos consideraban que el debate territorial estaba cerrado en España. Pero aquí lo tenemos en todo su vigor. Nuestros vecinos franceses pensaban que la integración de sus inmigrantes estaba garantizada a través de los generosos recursos que el Estado había dispuesto. Hemos visto que no.

Con el Proyecto de Naciones Unidas creíamos haber encontrado el instrumento definitivo para resolver los conflictos internacionales mediante el entendimiento pacífico. Pero vemos que sigue habiendo guerras.

Creíamos que una Constitución para Europa era algo al alcance de la mano para todos los europeos. Estábamos equivocados

Y es que casi no hay asignaturas aprobadas definitivamente. Este es el riesgo y la garantía de vivir en democracia, de vivir en libertad. Seguimos necesitando buscar respuestas a cada desafío de hoy, a cada desafío de mañana. A cada pregunta diaria sobre cómo articular nuestra convivencia en unas sociedades cada vez más profundamente plurales.

Señoras y señores: La Constitución está viva, está de continua actualidad. . Durante el año 2005 que ahora termina, los ojos de todos se han elevado a la Constitución, porque todos sabemos que es la garantía de nuestra convivencia nacional. Sabemos que es el marco de referencia. Y sabemos que es la columna que vertebra a España y a los españoles.

Por eso, cuando este año se extendieron los derechos de los ciudadanos a otras formas de familia y de pareja humana, los ojos de muchos se elevaron a la Constitución preguntándole qué tenía previsto al efecto. Porque era una novedad de gran calado.

Y cuando se legisló de manera específica la protección integral de las mujeres para eliminar la violencia contra ellas, muchos ojos se elevaron a la Constitución.

Y cuando se ha argumentado en un sentido o en el contrario sobre las fórmulas de los derechos y los deberes en materia de educación, las miradas de unos y de otros también se han elevado a la Constitución.

Y cuando las Comunidades autónomas y el Estado debaten nuevas maneras para reforzar las diferentes identidades y al mismo tiempo mantener la unidad y la solidaridad de todos mediante las reformas de los Estatutos de Autonomía, se invoca la Constitución. ¿Qué dice la Constitución? ¿Qué impulsa la Constitución? ¿Hasta dónde llegan sus límites?

Y cuando se trata de las relaciones del Estado con la Iglesia Católica, o con otras confesiones religiosas, las miradas se mantienen igualmente fijas en la Constitución.

Y también en Cantabria, cuando abordamos proyectos queriendo combinar el desarrollo económico y el respeto a la Naturaleza, con el Plan de Ordenación del Litoral, también se pregunta a la Constitución.

Y, en fin, cuando al principio de este año hubo un referéndum para ratificar el Tratado Constitucional Europeo, los españoles dijimos sí, porque en la mente y en el corazón de todos nosotros están presentes los beneficios de tener una Constitución. Pero, antes, también hubo miradas hacia la Constitución para ver si el Tratado era constitucional o no.

Y de todo esto ¿qué nos dice la Constitución? Creo que sería de aplicación recordar, como algo común en todas sus respuestas, aquella palabra que Felipe II dirigía a sus colaboradores, en tiempos con muchos más motivos para la crispación que los nuestros.

“Sosegaos”, les decía.

Sosegaos: Porque tenemos una Constitución como puerto de calma al que siempre podremos acudir. Sosegaos, porque es la máxima garantía referencial en nuestras discrepancias. Sosegaos, porque nada ni nadie podrá modificarla, si no es la voluntad de los españoles y las españolas, expresada directamente o a través de las instituciones donde está residenciada la soberanía nacional. Sosegaos, porque la Constitución Española tiene hoy más apoyo social que el que tuvo cuando la aprobamos hace 27 años.

Señoras y señores. La construcción de cada país tiene su propia historia. La de España, con las dificultades y tensiones que todos sabemos, se ha hecho a base de armonizar culturas distintas, identidades diversas y hasta Reinos diferentes. En la etapa que comenzó en 1978 hemos logrado, sin embargo, construir una unidad compatible con el respeto a las diferencias de todas sus partes. Y hemos hecho este proyecto desde la expresión libre y desde la solidaridad.

Ahora, aquella asignatura de las identidades que muchos creían definitivamente aprobada, vuelve a mostrarse abierta. ¿Estamos, pues, como en 1978? No. Estamos mucho mejor que en 1978, porque ahora tenemos a la Constitución, presidiéndonos y delimitando el campo del debate político. Y porque tenemos 27 años de debates y resoluciones del Tribunal Constitucional

Y porque, además, tenemos como referencia el método que nos sirvió hace 27 años, la expresión libre de las aspiraciones, el debate, los acuerdos y los desacuerdos, las renuncias por parte de todos, y, finalmente, el consenso y el pacto constitucional.

Pues bien, Creemos que ese sigue siendo el mejor método, el que debe servirnos también para hoy.

Señoras y señores: La Constitución también nos invita a que reflexionemos sobre nuestro mundo. El nuevo siglo XXI, nos interroga con profundas preguntas. Los problemas que como seres humanos tenemos por delante son descomunales. Son del globo entero. Tocan a la Naturaleza en la que se desarrolla nuestra vida: El recalentamiento del planeta, la escasez de agua, el agotamiento de recursos naturales, el avance de los desiertos, son algunos de esos problemas que nos afectan más de lo que imaginamos.

La división de la sociedad humana por una brecha de terribles desigualdades económicas y culturales, - a un lado de la cual está la inmensa mayoría de la humanidad, pobre y hambrienta-, nos afecta más de lo que imaginamos.

El peligro de desaparición del ciudadano auténticamente libre, solidario e igual, en la inabarcabilidad de la globalización, nos afecta más de lo que imaginamos.

Los grandes problemas de la humanidad como especie única dejan empequeñecidos los asuntos de identidades distintas y no puede resolverlos ninguna nación por si misma. Las naciones debemos acercarnos, dialogar, crear nuevas directrices para la humanidad, que sean sostenibles y armónicas con la naturaleza.

Nosotros seguimos apostando por Europa como plataforma potente de nuestra presencia en un mundo tan complejo.

Seguimos apostando por el diálogo y el entendimiento para encarar tanto nuestros problemas internos, como los problemas del mundo. Seguimos considerando como un patrimonio de todos nosotros, que puede servir también a otros el modo como se hizo nuestra Constitución .

Porque se hizo considerando al otro como una persona digna, respetable. Se hizo escuchando, se hizo enfriando pasiones, se hizo sosegando instintos. Se hizo con la Política. Se hizo con disposición y voluntad de entender.

La primera Exposición Universal del siglo XXI, la celebrada este año en Japón, lanzó un mensaje a todos los pueblos de la tierra, con el que yo quisiera concluir mi intervención: “Aprendamos de la sabiduría de la Naturaleza”. Dialoguemos con la Naturaleza para aprender de ella. Respetemos la mar y aprendamos de ella, respetemos al bosque y aprendamos de él.

Escuchemos a la Naturaleza y trabajemos conjuntamente para conseguir una coexistencia sostenible y armoniosa de la vida en la tierra.

Con ser importantes los problemas identitarios y de pertenencia a tal o cual grupo humano, éstos tienen una importancia relativa si sabemos que todos los seres humanos pertenecemos a un mismo territorio: La tierra.

Escuchémonos y dialoguemos. Porque la fuerza de nuestro futuro está en el diálogo. La fuerza de la Constitución es el diálogo.

¡Viva la Constitución!






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