Discurso del Excmo. Sr. Presidente del Parlamento de Cantabria


Excelentísimo señor Presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria.

Excmo . Sr. Delegado del Gobierno.

Excmo. Sr. Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.

Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades.

Señoras y señores.

Estamos aquí reunidos para conmemorar, un año más, la aprobación de la Constitución Española en Referéndum.

Y lo hacemos -como siempre – en tono de celebración y de satisfacción colectiva.

Por eso, lo ocurrido esta mañana en Santillana del Mar y en otras ciudades españolas no debe desviarnos ni un ápice de este objetivo.

Los terroristas, fuera de la ley y de la razón, no pueden marcarnos el calendario a los demócratas.

No deben ser los protagonistas de nuestras solemnidades.

No podemos permitirnos a nosotros mismos que alteren la calma, la serenidad y la legítima satisfacción de este 26 aniversario de la Constitución.

Celebraremos la Constitución como teníamos previsto. Y ante el terrorismo expresamos nuestra firmeza, manifestamos nuestra repulsa, y ratificamos nuestra unidad en torno a los grandes principios constitucionales.

Y apoyamos a las instituciones de nuestro Estado que muy pronto - estamos seguros - acabarán con el terrorismo.

A los heridos de esta mañana, nuestra solidaridad.

A los vecinos de Santillana del Mar y a su alcalde, aquí presente, nuestra nuestro afecto.

Y a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, nuestro ánimo para el logro de los éxitos que todos esperamos.

Señoras y señores:

A través de la Constitución, los hombres y las mujeres de España nos propusimos hace 26 años que nuestra vida en común estuviera regida por un sistema de altos valores éticos, políticos y sociales. Asegurábamos hace 26 años, para nosotros mismos y para nuestros hijos, un sistema de convivencia en paz, en justicia, en libertad y en el respeto de todos a la dignidad de todos.

Aceptábamos la radical igualdad de todos nosotros.

Hoy volvemos a celebrar que tenemos, en la Constitución, un avanzado sistema de derechos y garantías que nos protege a todos los hombres y a todas las mujeres. Eso es lo que venimos celebrando desde hace 26 años. Y eso es lo que celebramos también esta tarde aquí.

Pero, además de la celebración y de la satisfacción, esta tarde hemos querido dedicar tiempo a la reflexión. Y hemos querido fijar nuestra mirada en un grave problema de nuestra sociedad que contradice con hechos los más firmes principios constitucionales. Contradice los valores de libertad, de justicia y de igualdad. El problema del que hablo es la violencia contra las mujeres, que les impide disfrutar de los derechos humanos y de las libertades individuales proclamados en la Constitución.

Porque la Constitución dice libertad. Pero la triste realidad es que muchas mujeres sufren en sus hogares la humillación intolerable de verse sometidas y dominadas.

Porque la Carta Magna dice seguridad. Pero la triste realidad es que, cada día, miles de mujeres son maltratadas; que cientos de mujeres son asesinadas al cabo del año.

La Constitución dice igualdad. Pero la triste realidad es que perduran en nuestra sociedad diversas formas de violencia contra las mujeres como consecuencia de la desigualdad en los papeles que se les atribuyen, en los salarios, en el acceso a los bienes y oportunidades.

Hoy hace justamente una semana, este Parlamento aprobó por unanimidad una declaración condenando esa violencia ejercida contra las mujeres. Lo hicimos a instancias de las asociaciones de mujeres y de los colectivos que en Cantabria defienden la igualdad.

Nos llena de satisfacción saber que muchos de esos colectivos habéis aceptado la invitación de estar hoy aquí hoy, presentes en este acto, al igual que los familiares de las últimas víctimas de Cantabria. Gracias por acompañarnos hoy, queridos amigos y amigas.

Hemos querido invitaros de manera especial a participar con nosotros en el homenaje a la Constitución, para manifestaros, en nombre de todos los cántabros, lo agradecidos que os estamos. Y lo agradecida que os debe estar toda nuestra sociedad, tanto a vosotros como a los profesionales del derecho y de la judicatura; de la policía, de la sanidad, de la intervención y asistencia social, cuyos representantes también estáis aquí presentes por idénticos motivos.

Porque la Constitución, señoras y señores, - con todo el valor simbólico que encierra - se quedaría sólo en un texto escrito, si personas como las que hoy nos acompañan no lucharan día a día en múltiples actuaciones por darle vida, por llevar a la práctica sus utopías de igualdad y libertad.

Cada acto liberador que realiza una asociación de mujeres, o un profesional, hace realidad la Constitución. Es un acto constituyente de humanidad.

Y este año, fecundo, el Parlamento de Cantabria y las Cortes generales han legislado oportunamente contra la violencia de género. Debemos celebrarlo.

Son leyes necesarias que tienen por objeto erradicar esa violencia. Poner en marcha medidas de sensibilización social, de prevención, de protección a las mujeres, de asistencia a las víctimas y a sus hijos. Leyes que, sin duda, van a tener efectos positivos.

Sin embargo, señoras y señores, muchos estamos convencidos de que, para erradicar la violencia contra las mujeres, las leyes son imprescindibles, pero por si mismas no bastan. Porque la raíz de este problema es una raíz cultural. Es de mentalidad. Es de educación mala.

Por eso debemos contrarrestar con voluntad y talento educativo, siglos de un modelo contrario. Un modelo histórico en el que los hombres estaban llamados a cumplir un papel predominante en la pareja, en la familia y en la sociedad.

La Constitución ha logrado cambiar estructuras externas. Pero, a pesar de su labor civilizadora y transformadora, todavía no ha sido capaz de cambiar del todo las mentalidades que siglos y siglos han acumulado sobre la conciencia de los hombres y de las propias mujeres.

En el mundo entero, las mujeres son todavía hoy más vulnerables que los hombres. De todas las personas que viven en extrema pobreza (menos de un dólar al día), el 70% son mujeres. El 80% de los refugiados del mundo son mujeres y más de 130 millones de niñas han sido mutiladas sexualmente. De cada cuatro mujeres del mundo, una ha sufrido alguna agresión física de su pareja.

Incluso en Europa (la Europa de los derechos y de las libertades, la Europa que es faro de democracia), no es la guerra, no es el cáncer la principal causa de muerte e invalidez de las mujeres jóvenes. Es la violencia de sus maridos, de sus compañeros.

El problema, señoras y señores, tiene unas dimensiones imponentes y viene como digo, de muy lejos.

Pero debemos ser optimistas. Porque la lucha para atajar esta lacra viene abriéndose camino poco a poco. El esfuerzo liberador de las mujeres viene de muy lejos. Y la igualdad va conquistando parcelas poco a poco.

Todavía en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, las mujeres quedaron excluidas: El hombre pasaba a ser ciudadano en vez de súbdito. Pero la mujer no pasaba a ser ciudadana. Tendría que transcurrir otro medio siglo para que las mujeres consiguieran esta consideración.

Los ciudadanos españoles pudieron votar desde la primera parte del siglo XIX. Pero las mujeres españolas no lo consiguieron hasta 1933.

Es evidente que nos queda mucho camino por recorrer hacia la igualdad total en los derechos de la ciudadanía. Pero, a pesar de la triste realidad social que he referido, creo que estamos en el buen camino. El camino que alumbra la luz de nuestra Constitución.

Una luz que tiene que ser más intensa cada día y que puede llegar más lejos.

Por eso, señoras y señores, voy a terminar como empecé: Felicitándonos por la Constitución.

Los que ahora tenemos más de 47 años disfrutamos en 1978 la oportunidad de votar en el Referéndum de esta Constitución. Nosotros y los que no pudieron hacerlo por razones de edad, tendremos dentro de poco una oportunidad nueva para refrendar otra Constitución, la Constitución de Europa.

Debemos aprovechar esa oportunidad y seguir así creando instrumentos para la libertad, para la justicia y para la igualdad. Sólo así conseguiremos avanzar ante problemas tan graves como el que hemos destacado hoy aquí. Las Constituciones, y nosotros lo sabemos bien, son los instrumentos más potentes de civilización y paz para hacer más felices a los hombres y a las mujeres.

Por eso, en el 26 aniversario del Referéndum de la Constitución, señoras y señores, les invito a levantar sus voces conmigo para decir:

¡Viva la Constitución!






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